Un troll en Internet es una persona que deliberadamente publica mensajes provocadores, ofensivos o polémicos en espacios en línea como foros, redes sociales o secciones de comentarios, con el objetivo de molestar, crear controversia o generar reacciones emocionales negativas en otros usuarios.
Para muchos Donald Trump es el maestro del troll y su peculiar estilo de hacer política exterior es calificado como diplomacia troll (troll diplomacy). Esta vez, Canadá y México han sido sus blancos predilectos.
Primero, Canadá. En su plataforma Truth Social, Trump llamó al primer ministro Trudeau “el Gobernador Justin Trudeau del Gran Estado de Canadá”, una frase que, aunque aparentemente bromista, lleva consigo una buena dosis de desprecio. Para no quedarse corto, insinuó que Canadá debería ser el estado 51 de Estados Unidos y publicó una imagen donde aparece junto a una bandera canadiense, burlándose del vecino del norte.
Pero lo que de verdad preocupa son sus amenazas: imponer un arancel del 25% a las importaciones canadienses si no resuelven lo que él considera “problemas fronterizos”. Según Trump, los aranceles son “hermosos” y este tipo de comentarios, más allá de su tono provocador, generan tensiones reales en las relaciones comerciales entre ambos países.
Segundo, México. Además de amenazar con imponer el arancel del 25% a las exportaciones mexicanas, Trump no ha dejado de lanzar declaraciones polémicas sobre nuestro país, particularmente hacia la presidenta Claudia Sheinbaum. Recientemente aseguró que ella había aceptado “detener la migración a través de México”, un comentario que fue desmentido casi de inmediato. La mexicana, con un tono diplomático pero firme, no solo negó haber llegado a ese acuerdo, sino que subrayó que la política de México es “tender puentes, no cerrar fronteras”.
La estrategia de la presidenta para enfrentar a Trump merece atención. Por un lado, mantiene un discurso respetuoso, describiendo su conversación con él como “excelente” y “productiva”. Por otro lado, deja claro que México no cederá en temas de soberanía. Además, ha advertido que, si Estados Unidos impone aranceles, México responderá con medidas similares.
Lo interesante aquí es cómo ambos estilos, el de Trump y el de Claudia Sheinbaum, representan dos polos opuestos de hacer diplomacia. Trump utiliza el ataque personal, las redes sociales y el populismo para conectar con su base política. Ella, en contraste, apuesta por el diálogo y los derechos humanos, aunque sin dejar de ser firme cuando las circunstancias lo exigen.
El enfoque disruptivo, que mezcla provocación y espectáculo, tiene paralelos en líderes como el brasileño Bolsonaro, el británico Johnson o el húngaro Orbán.
Sin embargo, el verdadero problema es que este tipo de diplomacia no solo crea tensiones entre gobiernos; también genera incertidumbre para millones de ciudadanos que dependen de relaciones estables para su bienestar. Las tensiones comerciales pueden frenar los flujos de inversión y desestabilizar economías y la retórica de Trump genera incertidumbre sobre el futuro de las relaciones internacionales. En este escenario, los liderazgos responsables, como el que hasta ahora ha demostrado la presidenta de México, son más necesarios que nunca.
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