La guerra ruso-ucraniana afectará a la economía mundial más de lo que muchos se imaginan.
Por ejemplo, una encuesta realizada el año pasado por la empresa consultora estadounidense Gartner entre ejecutivos alemanes responsables de la cadena de suministro y adquisiciones de sus empresas, encontró que el 80% de ellos pensaba que tenía bien identificados a sus proveedores de primer nivel; sin embargo, solo el 7% dijo lo mismo sobre sus proveedores de segundo nivel (proveedores de sus proveedores) y solo el 5% sobre los de tercer nivel (proveedores de los proveedores de sus proveedores).
Interos, una empresa especializada en logística basada en Washington DC, dice que “Dados estos hallazgos, no debería sorprendernos el hecho de que una empresa como VW desconozca su exposición al riesgo de la guerra en Ucrania hasta que las piezas críticas dejen de llegar a sus fábricas de automóviles. En una industria esbelta y justo a tiempo como la automotriz, donde cada pieza es fundamental sin importar cuán barata o pequeña sea, el impacto de la disrupción es más inmediato que en otros sectores. Por eso VW detuvo la producción en sus plantas en Zwickau, Dresde y otros lugares esta semana”.
Los datos que proporciona la Plataforma de Mapeo de Relaciones Globales de Interos muestra que menos de 250 empresas alemanas tienen proveedores de primer nivel en Rusia o Ucrania, pero que cuando se trata de los de segundo y tercer nivel, el número aumenta significativamente.
Así, si solo 250 empresas alemanas tienen proveedores de primer nivel en Rusia o Ucrania, son 7800 las empresas que tienen proveedores de segundo nivel y 18 000 las que tienen proveedores de tercer nivel.
Para toda Europa, Interos determinó que unas 8200 empresas tienen proveedores de segundo nivel en Ucrania, que 38 000 tienen proveedores de segundo nivel en Rusia y que poco más de 109 000 empresas tienen proveedores de tercer nivel en Ucrania o Rusia.
Podemos suponer que la inmensa mayoría de los proveedores rusos y ucranianos de las empresas europeas han dejado de surtir sus productos a causa de la devastación de la planta industrial ucraniana causada por los cañones y bombas rusas y la magnitud de las sanciones impuestas a Rusia por Estados Unidos y sus aliados europeos, asiáticos y oceánicos.
En el mundo de los negocios, la pérdida para uno es la ganancia para otro y tanto el gobierno federal como las empresas del país ya deberían estar trabajando juntos para determinar qué productos y servicios mexicanos podrían proporcionarles a corto y mediano plazo a las empresas europeas que se quedaron sin proveedores.
Después de todo, por su complejidad (que incluye capacidades, recursos, tecnologías, capital humano e infraestructura), la economía mexicana ocupa el lugar 21 en el ranking internacional de 146 países del Observatory of International Complexity, arriba de los demás países de América Latina y el Caribe, China, Canadá y muchos países europeos, asiáticos y africanos. Es decir que tiene lo necesario para que sus empresas sustituyan a muchas de Ucrania (lugar 43) y Rusia (lugar 45).
¿Estarán tomando cartas en el asunto la secretaria de Economías, Tatiana Clouthier, el flamante presidente de la CCE, Francisco Cervantes, y los empresarios del país?
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