Donald Trump ganó el lunes casi todas las convenciones distritales del Partido Republicano realizadas en Iowa para elegir al próximo candidato presidencial de ese partido. Este triunfo no garantiza que terminará siendo dicho candidato, pero son altas las probabilidades de que sí lo sea. Por lo menos así lo indican todas las encuestas, sin excepción alguna.
Dentro de las muchas características negativas que veo en este individuo está un racismo que no solo no trata de ocultar, sino que se deleita en mostrarle a sus seguidores y al mundo.
Hace justamente un mes, el 17 de diciembre pasado, Trump dijo que los inmigrantes que llegan a EEUU están “envenenando la sangre de su país”. Repitió la afirmación en su sitio web de redes sociales Truth Social, diciendo que “la inmigración ilegal está envenenando la sangre de nuestra nación. Vienen de prisiones, de instituciones mentales, de todo el mundo”. Sus comentarios fueron ampliamente criticados por la campaña de Biden, que los comparó con el uso del término “envenenamiento de la sangre” por parte de Hitler en su manifiesto Mein Kampf (Mi Lucha).
En enero de 2018, durante una reunión con senadores en la Casa Blanca, calificó a Haití, El Salvador y naciones africanas como “países de mierda” y preguntó por qué no llegaban a EEUU más inmigrantes de Noruega. Sus comentarios racistas, vulgares y ofensivos provocaron una indignación global.
Y si de los mexicanos y México se trata, Trump no ha escatimado palabras para demostrar su desprecio.
En 2016, en su discurso donde anunció el arranque de su campaña presidencial, calificó a los inmigrantes mexicanos como “violadores” y “criminales” y afirmó que el gobierno mexicano estaba enviando intencionalmente a sus criminales a EEUU.
Lugo prometió que construiría un “gran, gran muro” en la frontera entre EEUU y México y haría que México lo pagara. Esta fue una de sus principales promesas de campaña y la utilizó a menudo para reunir a sus partidarios y provocar a sus oponentes. Insistió en que México pagaría, ya sea mediante un pago único, un acuerdo comercial o un impuesto a las remesas.
Criticó en Twitter a Jeb Bush por su esposa nacida en México, dando a entender que era parcial en cuestiones de inmigración. También cuestionó la lealtad de Bush hacia EEUU, sugiriendo que tenía un conflicto de intereses debido a la nacionalidad de su esposa.
Acusó a un juez nacido en Estados Unidos y de ascendencia mexicana de ser parcial en su contra en una demanda sobre la Universidad Trump. Este fue un caso en el que Trump fue acusado de fraude.
Amenazó con poner fin al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) e imponer aranceles a las importaciones mexicanas. Lo anterior para presionar a México a renegociar este acuerdo comercial y proteger los empleos y las industrias estadounidenses. Culpó al TLCAN de causar déficits comerciales, pérdidas de empleos y salarios más bajos en EEUU y acusó a México de aprovecharse del acuerdo y hacer trampa en las reglas.
Estas son solo algunas de las cosas más escandalosas que Trump ha dicho sobre México, los mexicanos y los inmigrantes de todo el mundo subdesarrollado que llegan a EEUU.
El solo pensar que podría regresar a la Casa Blanca no debe causarnos solo preocupación sino miedo.
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