En 2023, México registró un déficit comercial de casi 28,465 millones de dólares. Varios factores contribuyeron a esta situación, sobre todo los grandes déficits comerciales registrados con la mayoría de las regiones del mundo.
Con Asia se registró el mayor déficit, de 107,707 millones de dólares, resultado de las importaciones de productos electrónicos, automotrices y textiles. Tan solo con China, fue de 62,707 millones, impulsado por la alta dependencia de productos manufacturados y electrónicos provenientes de ese país.
Con Europa, el déficit alcanzó los 50,600 millones de dólares debido a importaciones significativas de bienes de consumo y capital. Con América Latina ascendió a 34,400 millones, con importaciones de productos agrícolas y manufacturados. Con Medio Oriente fue de 8,100 millones, debido principalmente a las importaciones de petróleo y productos petroquímicos. Finalmente, con África, fue de apenas 5,600 millones de dólares, con importaciones de minerales y productos agrícolas.
La situación no fue peor gracias a que con Estados Unidos México registró un superávit comercial de 130,552 millones de dólares y con Canadá de 3,660 millones. También superávits con algunos países de Centro, Sudamérica y Medio Oriente.
Lo anterior indica que la economía mexicana sufre de una alta dependencia de productos extranjeros y que, pese a que exportó mucho, especialmente a Estados Unidos y Canadá, no fue suficiente para compensar el alto volumen de importaciones.
Para tratar de empezar a remediar esta sobre dependencia de productos importados, sobre todo de China, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció el viernes pasado que, para sustituir importaciones de China, su gobierno elabora un plan para con el objetivo de producir más bienes en México en empresas mexicanas, estadounidenses, canadienses y europeas.
Lograr el objetivo anunciado por la presidenta es factible, pero no será fácil porque exigirá inversiones en infraestructura (carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos), y tecnología y capacitación (automatización, robótica, inteligencia artificial, producción de semiconductores, software y energías renovables, etc.).
Además, para competir contra las empresas chinas, las mexicanas, sean de capital nacional o no, deberán mejorar su calidad, precios y tiempos de entrega.
Desafortunadamente, el plan presidencial podría fracasar antes de nacer debido a eventos recientes como la elección del proteccionista Donald Trump, la exigencia en EEUU y Canadá para que el gobierno mexicano adopte medidas estrictas para controlar las importaciones chinas y las acusaciones de diversos grupos empresariales y políticos en esos países que lo acusan de permitir que productos chinos se exporten a sus países como si cumplieron con las reglas de origen del T-MEC.
Sin embargo, de concretarse, podría reducir la dependencia de China y fortalecer la economía de América del Norte. Su éxito dependerá de superar los desafíos productivos, políticos y comerciales y que el gobierno mexicanos sea capaz de comunicar sus beneficios a sus socios del T-MEC.
México también debe diversificar mucho más los mercados para sus productos y manejar e intensificar sus relaciones comerciales con otras naciones, especialmente con las que ha firmado un TLC.
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