Como si no enfrentara bastantes dificultades el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, los descuidos de algunos de sus colaboradores contribuyen a generarle más problemas, les proporcionan municiones a sus opositores y le restan seguidores que, después de ser desinformados, ya no se enteran debida y completamente de la realidad de algún asunto.
El caso más reciente fue el que alguien denominó “chorizogate” o “longanizagate”, resultado de un descuido de la Dirección General de Recursos Materiales y Servicios Generales de la Presidencia de la República, cuyo titular es el contador público Jael Hernández Hernández.
El lío, que nunca debió haber sido, empezó el lunes pasado cuando se difundió en redes sociales un documento titulado Programa Anual de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios de la Oficina de la Presidencia de la República, elaborado por la citada dirección general.
En cada una de las 68 páginas del documento aparece una tabla divida en 10 columnas. La segunda anota el artículo o servicio que se adquirirá; la tercera, su precio; la cuarta, la cantidad que se comprará; y la quinta, la unidad de medida de lo adquirido.
A partir de la página 53 y hasta la 68 aparecen los alimentos y bebidas que durante el año en curso serán comprados para la Presidencia de la República. En total aparecen unos 480 productos diversos, desde chilacayotes hasta pasta para sopa de estrellitas, pasando por los ahora célebres: longaniza y chorizo.
La “longaniza de primera” fue la que llamó la atención de muchos que, ni tardos ni perezosos, se encargaron de difundir una copia de la página 53 del documento, en donde se anota que por este alimento se gastarán 335 782.00 pesos por 20 piezas, lo que significa que cada pieza nos costaría 16 789.10 pesos a los mexicanos que pagamos impuestos.
Y el de la longaniza no es el único caso de productos y servicios enlistados en el documento cuyos precios son a todas luces estratosféricos.
El senador panista Julen Rementeria aprovechó para difundir, ese mismo lunes 5 de agosto, un tuit que dice: “¡Esta despensa no la tiene ni Obama! 1 KG de Jamón de Pavo: $3,013.56; 1 KG de longaniza: $16,789.10; 1 Caja de Cerillos con 200: $1,296.51; 1 Lata de refresco: $336.30. Páginas: 53, 62 y 66 del Programa anual de adquisiciones de presidencia…”.
Y muchos otros también se dieron vuelo.
Ese mismo día Hernández difundió un comunicado que intentó, sin éxito, explicar el documento. En él señala que “la información contenida en el Programa no es propiamente el presupuesto que se ejerce y justifica, de cada contratación que ha realizado la Oficina de la Presidencia de la República”. La aclaración incluye “un comparativo de los conceptos programados en el mes de enero y ejercidos hasta el mes de agosto” que indica que en dicho periodo se han gastado cinco millones de pesos.
En ningún momento explica los precios estratosféricos, ni lo que significan los montos y las unidades de medida.
El caso del “longanizagate” lo tuvo que aclarar el mismo AMLO en su conferencia de prensa, como si no hubiera temas de más trascendencia.
Y todo porque al contador Jael Hernández no se le ocurrió elaborar un documento realista y claro.
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