El lunes, después de asumir su cargo en la Cámara de Diputados, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó sus 100 compromisos de gobierno en un discurso que pronunció en el Zócalo de la Ciudad México ante de miles de personas en un evento en donde arrancó la construcción del “Segundo Piso de la Cuarta Transformación”. Sus palabras consolidaron su posición como la legítima sucesora de Andrés Manuel López Obrador.
La presidenta mencionó a AMLO siete veces durante su discurso, llamándolo el mejor presidente de México. Esto es significativo, ya que dejó en claro que busca mantener el rumbo trazado por él. Al mencionar repetidamente los programas sociales y la austeridad republicana que caracterizaron al anterior sexenio, pareció estar asegurando que no habrá un cambio brusco, sino una continuidad. El problema es que al apegarse tanto a la sombra de su predecesor, corre el riesgo de parecer una figura sin independencia ni visión propia.
Prometió que se mantendrán y ampliarán todos los programas sociales, incluidas las pensiones universales y las becas educativas. Esto tranquiliza a muchos, pero no es suficiente para hacer que la economía del país avance. Las crisis económicas mundiales y las tensiones internas requieren algo más que la repetición de lo que ya se hizo. El tiempo dirá si está dispuesta a innovar o se quedará en lo que ya conoce.
Un aspecto interesante del discurso fue su énfasis en el empoderamiento de las mujeres. Como la primera presidenta de México, declaró: “No llego sola, llegamos todas las mujeres de México”. Anunció la creación de una Secretaría de las Mujeres y una serie de reformas para cerrar la brecha salarial y combatir la violencia de género. Estos compromisos, sin duda, son aplaudibles y necesarios. Sin embargo, el reto está en cómo implementará estas políticas en un país donde la violencia física, sexual, psicológica, económica, digital y de otros tipos contra las mujeres sigue siendo alarmante y las estructuras de poder siguen siendo predominantemente masculinas.
Otro punto que destacar fue el tono optimista del discurso. La presidenta presentó una visión de un México próspero, en el que construirá trenes de pasajeros, tapará baches y fomentará la ciencia y la tecnología, con proyectos como la producción de un auto eléctrico mexicano. Aunque estos anuncios son atractivos, muchos nos preguntamos cómo estos y otros tantos proyectos que mencionó se financiarán y ejecutarán, especialmente en un contexto económico nacional y mundial muy complicado.
Por último, está la cuestión de su independencia política. Si bien es comprensible que ella quiera mantener viva la esencia de 4T, depender tanto de la figura de AMLO puede ser contraproducente. Hay quienes creemos que su gobierno no debe ser solo una extensión del anterior sino que debe marcar un nuevo rumbo.
Su discurso enfatizó continuidad, justicia social y empoderamiento femenino. Sin embargo, queda por ver si esta continuidad será suficiente para enfrentar los desafíos que México tiene por delante. Lo que sí es claro es que Claudia Sheinbaum ha dado su primer paso, pero aún está por verse si ese segundo piso es lo suficientemente sólido para soportar las demandas de un país con tantas necesidades.
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