La captura de Ovidio “El Ratón” Guzmán López es “un golpe contundente al Cártel del Pacífico” aseguró el jueves pasado el secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, durante la conferencia de prensa en que describió como fue la captura ese mismo día de uno de los cuatro hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán” que decidieron seguir los pasos de su padre.
En este espacio afirmé el viernes que su aprehensión no debilitará a ese cártel ni a la delincuencia organizada. Anoté que lo mismo han dicho las autoridades federales y estatales cada vez que han capturado o matado a un delincuente importante.
Y es que el crimen organizado ha crecido y prosperado desde la década de los 70 pese a los muchos jefes delincuenciales que han sido aprehendidos o muertos por el gobierno o sus rivales.
En octubre de 2015 la periodista Tania Montalvo escribió, en narcodata.animalpolitico.com, un artículo titulado “Siete presidentes, pocos resultados: 40 años de expansión del crimen organizado”.
En cuatro párrafos de su texto resumió lo que paso:
“En ese 1985 se detuvo a los líderes Rafael Caro Quintero y Enrique Fonseca ‘Don Neto’ [dos de los tres fundadores del Cártel de Guadalajara]. En 1989, ya en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cayó el fundador del Cártel: Miguel Ángel Félix Gallardo.
“Pero estas detenciones no terminaron con el grupo delictivo y mucho menos con la delincuencia organizada del país. Apenas sirvió para modificar el mapa del crimen organizado en México.
“Sin los principales líderes, el Cártel de Guadalajara se dividió en tres: nacieron el Cártel de Sinaloa, el de Juárez y el de Tijuana, que dominaron, por décadas, las actividades del crimen organizado en México.
“Y si entonces los grupos del narcotráfico sólo tenían presencia en diez estados del país, hoy están en la mayoría del territorio nacional y han extendido sus negocios a otros delitos que afectan directamente a los ciudadanos: secuestro, extorsión, robo…”.
Desde la década de los 70 hasta hoy, además de la captura de los capos arriba nombrados, han sido detenidos o han muerto muchos de los principales jefes de los cárteles de los Arellano Félix, del Golfo, de los Zetas, de Sinaloa, de Tijuana, de Juárez, de los Beltrán Leyva, del Noreste, de Jalisco Nueva Generación, del Noreste, de Santa Rosa de Lima, de la Familia Michoacana, de los Caballeros Templarios, del Sur, de Tláhuac, del Milenio, de los Rojos, de la Nueva Plaza, de Colima, Independiente de Acapulco y más líderes de un sinnúmero de bandas.
La captura o muerte de muchos ellos acabó con las organizaciones que encabezaban, pero no con las actividades criminales que realizaban que fueron asumidas por otras organizaciones.
Hoy, el crimen organizado en nuestro país es más fuerte, rico, diversificado, trasnacional, violento, poderoso y políticamente influyente que hace 40 años, lo que evidencia el fracaso de las estrategias que contra el crimen diseñaron e instrumentaron los ocho presidentes que han gobernado desde 1976 a la fecha.
Lo peor del caso es que ningún aspirante a la presidencia, sea del partido que sea, ha sido capaz de decirnos, hasta ahora, cómo neutralizaría al monstruo que a todos nos afecta en caso de ganar la elección presidencial que se realizará en junio de 2024.
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