La reunión del sábado de Donald Trump y Vladimir Putin en Alaska y la de ayer en Washington de Trump con los gobernantes de Ucrania, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Finlandia y los dirigentes de la UE y la OTAN, han ocupado la atención de los medios en todo el mundo, pero en México otra noticia, menos mediática, refleja igual o más las tensiones que provoca el nuevo orden político: el golpe al jitomate mexicano que muestra como la disputa comercial con EEUU se convirtió en un recordatorio brutal de lo que significa depender de un solo mercado.
El jitomate es una víctima directa de la política comercial de Trump. A raíz de nuevas disposiciones arancelarias y trabas regulatorias, sus exportaciones a EEUU se desplomaron en más de 20%, arrastrando empleos, ingresos y estabilidad social en regiones enteras de Sinaloa, Baja California y Michoacán. El impacto cruzó la frontera: en Estados Unidos ya se han perdido alrededor de 47,000 empleos en el sector de distribución, transporte y empaque de jitomate mexicano, debido al encarecimiento del producto y a la reducción del flujo comercial. En México, hasta 200,000 empleos vinculados al jitomate podrían estar en riesgo si la caída de exportaciones se prolonga.
El golpe al jitomate acompañado por retrocesos menores en cerveza (-2.7%) y algunas berries (-6.6%), explica que las exportaciones agropecuarias mexicanas a todo el mundo en el primer semestre de 2025 tuvieran un valor de 27,352 millones, 4.4% menos que en primer semestre del año pasado.
Sin embargo, el campo mexicano no se derrumba y otros cultivos compensaron con creces. El aguacate lideró con un aumento de 23.5% en valor y 5% en volumen, lo que anticipa un récord anual de 4,000 millones de dólares. El limón sorprendió con un salto de 33% en valor y 29% en volumen, impulsado por la demanda de refrescos y coctelería en EEUU. El tequila consolidó su lugar con un crecimiento de 6% en volumen, mientras la carne bovina avanzó 7% en volumen y 2.6% en valor. Incluso dentro del segmento de berries, la fresa mostró un repunte cercano al 25% en volumen, compensando la caída de arándanos y frambuesas.
Este mosaico revela dos caras de la misma moneda. Por un lado, un producto central como el jitomate se desploma y amenaza con arrastrar miles de empleos; por otro, otros cultivos logran expansión y consolidan a México como potencia agroexportadora. El contraste es tan nítido como preocupante: el agro mexicano ha dejado de ser homogéneo, con ganadores y perdedores definidos según los vaivenes de la política comercial de Trump.
La conclusión es inevitable. Mientras el jitomate naufraga por una decisión política de Trump que busca mantener los votos de productores de jitomates en California, Florida, Georgia, las Carolinas, Virginia, Texas y Arizona, el resto del agro mexicano demuestra que, en su comercio global, aún tiene margen de expansión y mercados diversificados. Pero un sector que depende casi en exclusiva de un solo producto y de un solo mercado está condenado a la vulnerabilidad. Si algo deja claro esta crisis, es la urgencia de diversificar: más cultivos, más destinos y más valor agregado. De lo contrario, cada decreto de Trump pondrá en jaque no sólo a un producto, sino a toda una cadena productiva.
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