En marzo recibí la primera dosis de la vacuna anticovid que me tocó.
En ningún momento dudé de que estaba siendo vacunado con el producto que la autoridad identificó días antes. Ni antes ni después tuve la más mínima sospecha de que me estaban dando gato por liebre. No pedí ver el envase de donde se sustrajo la dosis que me tocó. Tampoco vi que las personas a mi alrededor lo solicitaran.
Confié mi salud y mi vida en un gobierno en el cual no confío mucho porque me dije a mi mismo que sería el colmo que el de la 4T hiciera lo mismo que lo que hicieron algunos gobiernos priistas que permitieron que a quién sabe cuantos niños les inyectaran solución salina en lugar de la vacuna que les correspondía recibir.
Estoy convencido que recibí la vacuna porque uno de los síntomas que padecí durante unos días fue dolor en el brazo y un ligero cansancio.
Pasaron los días y llegó el sábado 3, cuando en redes sociales se vio un video de una enfermera que simuló vacunar a un adulto mayor en el centro de vacunación instalado en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, Unidad Zacatenco, del Instituto Politécnico Nacional.
Ese mismo día, por medio de un comunicado conjunto, el gobierno de la CDMX y el IMSS informaron que “Este hecho fue reportado por un familiar acompañante del adulto mayor, a quienes se les ofreció una disculpa y se procedió a aplicar la vacuna de manera correcta, sin mayores complicaciones en presencia de su familia, que a su vez atestiguó el procedimiento e informó en sus redes sociales que se corrigió la situación”.
El incidente no debería haber trascendido pero los familiares subieron el video a las redes, en donde se viralizó.
El lunes, al hablar del incidente, el presidente Andrés Manuel López Obrador complico más el asunto al sugerir que la escena podría a ver sido montada por sus adversarios “porque son capaces de todo”. Se le hizo raro que la escena fuera grabada, dejando ver que no está enterado que miles de personas se han fotografiado o videograbado al momento de ser vacunados.
El hecho de que dijera que el asunto podría haber sido un montaje empeoró el asunto y, no satisfecho con armarla, ayer de nuevo dijo que “sólo hay dos explicaciones: que en efecto hubo un error o un montaje, que no lo descarto por la difusión tan grande”.
Desde entonces han aparecido otros videos en donde quienes los difunden aseguran que muestran más vacunaciones simuladas.
Parece que al presidente, impedido legalmente de hablar de política en sus conferencias, le ganaron sus ansias de pelear y creó una tormenta en un vaso de agua.
Con tal de irse contra sus adversarios provocó que mucha gente empiece a dudar si efectivamente se les va a inyectar con una vacuna anticovid.
Más fácil hubiera sido que explicara que es lógico que se comentan errores en un proceso masivo de vacunación y que el incidente en Zacatenco sería investigado a fondo para darle certeza a la gente. Podría haber aceptado que al inyectarse más de nueve millones de dosis iban a ocurrir errores, que quienes vacunan son humanos y pueden cometer errores tras estar trabajando, de pie, durante horas.
Lástima que en vez de buscar infundir confianza prefiriera buscar pleito sin que le importara generar más dudas sobre el programa de vacunación anticovid.
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