Como la primera presidenta de México, Claudia Sheinbaum se convirtió el lunes pasado en la primera mujer en encabezar el Grito de Independencia y así marcó un hito en este acto cívico que desde Porfirio Díaz ha servido para reafirmar unidad, soberanía y legitimidad política.
Sheinbaum gritó lo tradicional: “¡Viva la Independencia!”, “¡Viva Hidalgo!”, “¡Viva Morelos!”, “¡Viva Allende!”, “¡Viva Guerrero!”. También incluyó a Josefa Ortiz, pero con una diferencia: la nombró como Josefa Ortiz Téllez-Girón, su apellido de soltera y no como de Domínguez, sin subordinación al apellido marital, rompiendo con la antigua costumbre patriarcal. Junto a ella mencionó a Leona Vicario y a dos figuras casi olvidadas: Gertrudis Bocanegra, insurgenta en Michoacán, capturada, torturada y fusilada en Pátzcuaro en 1817; y Manuela Molina “La Capitana”, quien tomó las armas en Tabasco. A ello sumó la invocación a las heroínas anónimas, a las mujeres indígenas y a las y los migrantes, y cerró con valores universales: “¡Viva la dignidad del pueblo de México! ¡Viva la libertad! ¡Viva la igualdad! ¡Viva la democracia! ¡Viva la justicia!”.
La carga simbólica fue doble. Por un lado, feminizó el relato de la Independencia. Hasta hace poco, las mujeres apenas eran mencionadas; salvo Ortiz y, más tarde, Vicario, el panteón cívico era masculino. La presidenta rompió con esa tradición y abrió espacio a insurgentas olvidadas y grupos marginados. Por el otro, reforzó su discurso de gobierno: dignidad, igualdad, democracia y justicia como ejes de legitimidad.
El gesto se completó con un detalle inédito: la escolta del Heroico Colegio Militar integrada solo por cadetes mujeres. Antes ya podían ingresar, pero solo en áreas como Sanidad Militar. Desde 2021 se abrió su participación plena en todas las armas y ahora portaron la bandera en la ceremonia del Grito, el acto cívico más solemne de la nación, encabezado también por una mujer. El mensaje fue claro: la patria ya no se encarna solo en los “padres fundadores”, sino también en las mujeres que lucharon y siguen luchando por ella.
Por televisión se vio a la presidenta deteniéndose frente al retrato de Josefa Ortiz, acompañada de su esposo, Jesús María Tarriba, para recibir el saludo de ordenanza antes de tomar la bandera nacional en sus manos y salir al balcón central de Palacio Nacional. La imagen fue contundente: la primera mujer en gobernar México permaneciendo bajo la mirada de la primera mujer reconocida en la gesta de Independencia.
Comparado con sus antecesores, el cambio es notable. Porfirio Díaz institucionalizó el Grito como ceremonia rígida, centrada en héroes varones. Lázaro Cárdenas le imprimió un aire social al ligarlo a la Revolución. AMLO introdujo valores abstractos como la “fraternidad universal” y reivindicó personajes indígenas y populares como Cuauhtémoc y Flores Magón. La presidenta recogió esa línea, pero le dio un sello propio: feminista, inclusivo y con referencias a sectores contemporáneos como los migrantes.
En su primer Grito, Claudia Sheinbaum redefinió el nacionalismo mexicano en clave de género y diversidad. Ahora la historia ya no es propiedad exclusiva de héroes militares o caudillos. Antier quedó claro que México también es femenino, indígena, migrante y diverso.
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