Faltan solo unos días para que concluya el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y la pregunta que muchos nos hacemos: ¿fue un buen presidente o logró alcanzar la grandeza, como afirman sus seguidores, encabezados por la presidenta entrante Claudia Sheinbaum? La respuesta, como todo en política, no es blanco o negro.
Andrés Manuel llegó a Palacio Nacional con una visión clara: la “Cuarta Transformación”. Prometió erradicar la corrupción, reducir la desigualdad y transformar México. Su carisma y habilidad para conectar con las masas le han valido una popularidad envidiable. Las “mañaneras”, alabadas por sus seguidores y detestadas por sus detractores, se convirtieron en su principal medio de comunicación.
Pero ¿bastó esto para ser un gran presidente?
En decisiones difíciles, AMLO no se achicó: canceló el aeropuerto de Texcoco, impulsó el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el AIFA. ¿Visión o terquedad? Solo el tiempo lo dirá.
Su manejo de la pandemia de COVID-19 dejó mucho que desear y casi 600 mil personas murieron. Mientras el mundo se encerraba, AMLO nos invitaba a abrazarnos. La economía sufrió, pero menos de lo temido. ¿Suerte o estrategia?
En la lucha contra la corrupción, resultados mixtos. El exdirector general de Pemex, Emilio Lozoya, sigue preso, pero la corrupción e impunidad persisten en todo el país.
En igualdad, AMLO implementó programas como “Sembrando Vida” y pensiones para adultos mayores, impactando a millones y reduciendo brechas sociales. Sin embargo, la distribución equitativa de recursos aún enfrenta retos.
En seguridad, la creación de la Guardia Nacional buscaba enfrentar la delincuencia y el narcotráfico. Aunque hubo mejoras en algunos índices, la violencia persiste y la percepción de seguridad sigue baja.
Aunque su política exterior se centró en la no intervención y soberanía nacional, intervino en asuntos de otros países cuando le convino, equilibrando principios ideológicos con realidades geopolíticas. Su relación con Estados Unidos ha sido una montaña rusa de tensiones y reconciliaciones.
¿Y qué hay de su legado? Los programas sociales han impactado a millones, pero las instituciones democráticas parecen más débiles que nunca.
AMLO logró mantener una base de apoyo fiel hasta el final, pero también polarizó al país. Para unos, es el mesías tropical; para otros, el destructor de instituciones.
Entonces, ¿buen presidente o gran presidente? Mi conclusión: un buen presidente con destellos de grandeza, pero sin consolidarla.
AMLO transformó el panorama político mexicano, eso es innegable. Pero un gran presidente no solo cambia, sino que une, construye consensos y fortalece instituciones.
El hombre que llegó con la promesa de unir a México termina su mandato con un país más dividido. Sus logros son significativos, pero el costo ha sido alto.
La historia juzgará a AMLO, probablemente de manera polarizada. Mientras tanto, nos queda reconstruir puentes, sanar heridas y recordar que, más allá de colores partidistas, todos compartimos el mismo sueño: un México más justo, próspero y unido. En este proceso, Claudia Sheinbaum deberá desempeñar un papel crucial para lograr esta visión, liderando con inclusión y cooperación para consolidar los avances y superar los desafíos pendientes.
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