El INEGI difundió ayer los resultados de la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) Trimestral y los mismos muestran la magnitud de la crisis económica en que ha caído el país, la cual ha sido agravada por varias razones, entre ellas: el desastroso manejo de la pandemia de COVID-19 por parte del gobierno federal, el raquítico apoyo que éste ha dado a la planta productiva del país, el subejercicio de los fondos federales presupuestados para la construcción de infraestructura, el improvisado plan de austeridad que redujo el gasto gubernamental hasta en donde no debía reducirse, el canalizar cuantiosos recursos federales para la construcción de obras que en el momento actual resultan faraónicas algunas e inoportunas otras, la salida de capitales extranjeros calculada en 17 000 millones de dólares entre febrero y julio de este año, y la falta de inversión privada debido a la incertidumbre generada por la presentación de iniciativas de ley que atentan contra la propiedad privada por parte de legisladores morenistas y la agresividad que constantemente muestra el presidente Andrés Manuel López Obrador hacia las empresas nacionales y extranjeras.
Así, el PIB se desplomó 17.3% en el trimestre abril-junio comparado con el primer trimestre de este año.
Peor fue la caída si comparamos el segundo semestre de este año con el mismo periodo de 2019: 18.9%.
En pocas palabras, la economía nacional está en su peor momento desde 1933, año en que empezó a medirse el PIB, medición que si antes le disgustaba a AMLO, más detestará desde ayer porque indica que su gobierno pasará a la historia como el peor en términos económicos.
El INEGI también informó de las terribles caídas de las actividades económicas.
Al comparar el segundo con el primer trimestre, las Actividades Secundarias se desplomaron 23.6%, las Terciarias 14.5% y las Primarias 2.5%.
Y con respecto al mismo periodo del año pasado, en el segundo trimestre de 2020, las Actividades Secundarias cayeron 26%, las Terciarias 15.6% y las Primarias 0.3%.
Como van las cosas, con una pandemia fuera de control y un gobierno que insiste en aplicar un plan de austeridad, cuando lo que debería hacer es estar gastando e invirtiendo para estimular la economía y detener su colapso, es muy probable que se cumplan los peores pronósticos y que la caída del PIB este año llegue a ser del 12%, arriba de los más recientes estimados que no tomaron en cuenta la magnitud del desastre experimentado en el segundo trimestre.
En su momento, apoyé la diferenciación que con toda razón hizo el presidente entre lo que es el crecimiento del PIB y el desarrollo y bienestar de los habitantes de México.
Desafortunadamente, como van las cosas, el desarrollo y el bienestar no llegarán a la mayoría de los mexicanos en vista de que no se generará la riqueza que Andrés Manuel pretendía repartir más equitativamente por medio de sus programas de apoyo social, por los cuales también me he manifestado a favor.
Si el presidente insiste en mantener su política económica y escuchar al par de charlatanes que han permitido que el COVID-19 cause quién sabe cuántas muertes innecesarias, su sexenio y tal vez el que siga serán recordados como otra docena trágica, pero aun peor que la que muchos vivimos entre 1970 y 1982.
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