Se cae la demanda interna

Resulta obvio que la recuperación de la economía en México no se dará en esta administración en turno, la tercera transición de nuestra vida democrática; los puntos esenciales no tendrán encuentro. Esta transición no lo desea y...

30 de noviembre, 2020

Resulta obvio que la recuperación de la economía en México no se dará en esta administración en turno, la tercera transición de nuestra vida democrática; los puntos esenciales no tendrán encuentro. Esta transición no lo desea y no por ideología, tampoco por consecución de un plan o proyecto, simplemente lo rechaza y lo rechaza porque choca en forma frontal y brutal con lo que el mundo progresista persigue. No existe otra realidad, explicación tampoco. Después de dos años hemos empezado a asimilar el retroceso, al menos el concebido desde Palacio, como asiento de gobierno. La intervención en la vida pública del país por espacio de dos horas promedio cada día, se ha convertido en un foro de expresión de un solo hombre: el presidente y en esa representación aprendemos del andar de los deberes y los haberes de una nación que carece de los primeros y de los últimos contabilizamos precariedad irrefutable.

El sendero económico de México no augura futuro; el camino en otras áreas y en otras incursiones tampoco. La evidencia de fracaso y las cifras que el mundo muestra como reseña de dos años de gestión, arrojan un saldo imbatible en renglones esenciales en la convivencia y en la recuperación de dos años que se disocian de una pandemia mundial; nada que hacer en cuanto al mal endémico, nada que hacer en tanto la recuperación se contemple como una gesta de la inversión y la invitación al capital para reanudar la producción. Es la producción el único reactor de una economía. 

En esta semana se cumplen dos años de un pasmo en la vida económica del país; se cumplen dos años de una tragedia que ha pretendido transformar la vida pública de la nación. Los yerros acumulan enormes pérdidas, algunas generacionales, las más irrecuperables. El peso del producto de la nación ha caído en la inversión privada, labor silenciosa que día con día instala el andamiaje necesario para sacar al país de la postración que sin ideología y sin proyecto, ha situado a la nación en una mira que el orden internacional señala por incompetencia y absurdidad.

La gestión del presidente en turno no recompone, no alivia la situación lacerante de rincones del país que claman por un rédito de humanidad en muchos casos, en los más, de simple ayuda en lo esencial y en lo preciado que puede ser la salud, la dispensa de medicamentos que siempre existieron. Todo existió en el contrato social, todo existió en la cobertura oportuna, en la dispensa del medicamento, en la educación rural y comunitaria, en la protección de mujeres y menores, en innumerables capítulos que ampararon fideicomisos y prerrogativas logradas en el denuedo y acontecer de la vida nacional.

La incompetencia alcanza la vida diaria sin duda. La primera etapa es la de la economía; naturalmente reúne dos fases: la que pretende el gobierno y la que redunda en el recipiente de la política económica, el individuo. La pretensión del gobierno es anular la fuerza productiva de la nación, anular la iniciativa y la individualidad, anular la creatividad para que la creatividad radique en el dictado de fórmulas de convivencia en una precariedad colectiva. Esta naturalmente jamás prosperará porque en un país como el nuestro, la iniciativa y la libertad superan toda insignia de captura de conciencia individual.

La política económica siempre hace eco en la individualidad y cuando la presión del absolutismo se hace presente, la reacción dentro de una economía libre aflora y el sentimiento colectivo dispersa la fuerza necesaria para contrarrestarlo. En lenguaje sencillo, lo que estamos viviendo es una seudo imposición de vida jamás vista y ratificada por una dádiva, una regresión a la fórmula del esfuerzo. El acomodo en las clases menos privilegiadas puede adoptar diversos caminos, pero la interpretación de captura de voluntad jamás será disipada. Esa es la primera confrontación del populismo.

Nada por nada jamás se ha dado como fórmula de convivencia. El gobierno en turno enfrenta un reto inconmensurable después de dos años de gestión fallida. La apuesta a una recuperación de mercados y consumo interno fracasó. La dádiva resultó en el instrumento más ineficaz en política económica; el padrón se convirtió en una variable incontrolable, el ejercicio se corrompió de inicio por la flexibilidad de gestión y finalmente interrumpió el orden del ingreso en las cadenas productivas como un elemento agregado en la composición de los costos de bienes y servicios.

A pesar del esfuerzo empresarial para recomponer el orden económico, la marcha natural de la demanda externa ha hecho del renglón de exportaciones una fuente ágil de recuperación. No obstante, las importaciones han caído en forma considerable y la razón es muy sencilla: la inversión la inhibe este gobierno con sus señales retrógradas y naturalmente los planes de expansión se aplazan por la incertidumbre de encuestas y prácticas ajenas al entendimiento universal del progreso. 

La caída de la demanda interna preocupa por la pérdida de confianza hacia el consumo y sin la reactivación de confianza sufre el sector manufacturero de la nación. Si las manufacturas retrasan su posicionamiento los proyectos de reposición de capital y planes de expansión reflejan menor contribución al producto. Sin planes de infraestructura del gobierno y con un endeudamiento excesivo, los agentes económicos no reúnen los incentivos y las señales de recomposición de la gran economía.

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Manuel Torres Rivera
Manuel Torres Rivera es egresado de la UNAM, de la Escuela de Contaduría Pública. También estudió Economía y recibió un grado de Master of Business Administration de la Universidad de Tulane. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a la docencia y la consultoría. Es socio de Formación y Desarrollo Clave. Tiene pasión por el alpinismo y ha recorrido buena parte del mundo en esta actividad. También por los caballos. Ha colaborado en el programa de Eduardo Ruiz–Healy.
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