Precios y poder adquisitivo

Como cada semana, Manuel Torres Rivera nos comparte su análisis del impacto de las políticas populistas en la economía mexicana.

7 de febrero, 2023 poder adquisitivo

En ocasiones, la macroeconomía y las cifras que se proyectan desde la escena del poder y por poder se hace referencia a la hacienda pública, al gasto corriente, al presupuesto de la nación y a los índices que conjuntan la gran economía, en realidad no reflejan más que números que es imposible interpretar cuando no existen parámetros, medidas que acerquen al individuo a su entorno y ubicación a ese gran espectro que absorbe cifras millonarias. En días recientes el presidente mencionaba 112 000 millones de pesos para los llamados programas sociales. Si se destaca una proporción de lo que antes se dedicaba a esos rubros y se añade el toque proteccionista o paternalista que caracteriza al populismo, puede adquirir cierto significado o puede no tenerlo para el que no lo recibe. 

Pero si exploramos un poco este concepto de dispersión del recurso, como lo llama o llamaba el presidente, porque la tónica que repele el reclamo en una dádiva suelta y sin control, sería anacrónica si no tuviera un sentido y el sentido buscado en este ejercicio escuda en una vertiente meramente interpretativa la falacia de un siglo: la redistribución de la riqueza. Los movimientos sociales han buscado siempre la fórmula de justificar el equilibrio del ingreso pero no como ingreso, como un derivado de la riqueza nacional y en ella han volcado una fase convincente –con los límites naturales de la fuerza de penetración doctrinaria– de participación activa. Han buscado, se insiste, porque esa fórmula simplemente no existe. 

Se ha insistido en este espacio: la fórmula o propuesta social encuentra acomodo únicamente cuando existe cierta bonanza en la gran economía, significando esto, reservas, fondos, tesorería, todo lo que la propuesta social califica como acumulación. No olvidemos que los factores de producción son inexistentes en la composición social, tampoco existen las prerrogativas del capital y la exposición de riesgo. Existe la función redistributiva de un todo que nunca ha alcanzado a dimensionarse porque el dinamismo del crecimiento económico se interrumpe. La concepción de tesoro nacional desde luego la entiende el socialismo, pero no como función de renta o recaudo, la entiende en su acepción acumulativa y este es el punto de partida de su fracaso. 

De la concepción errónea de acumulación, inevitablemente surge la idea de control. Desde luego el derivativo es centralizar funciones y de esta precariedad administrativa la extensión natural es la ineficiencia. El estado se vuelve ineficiente porque las labores de innovación o creatividad se interrumpen ante la gestión de un criterio centralista y autoritario. Los mandos sectoriales abandonan su cobertura regional y las consecuencias son devastadoras en las primeras necesidades, las básicas: el alimento. Este tema es sensible y delicado porque nutre el esquema social ante la justificación del predominio del capital y la marcha destructora de la industrialización y la invasión del terreno espiritual y humano que debería conducirse en la probidad y en el sustento de la tierra. 

Pero los caminos del socialismo son finitos. La fórmula redistributiva es una fórmula de captura, captura económica y emocional. Lo económico de una u otra manera se resuelve, con endeudamiento y aniquilamiento institucional, con expropiaciones, despojos y otras maniobras que permitan el centralismo de origen; todas estas señaladas, han existido, existen y todas sin excepción son temporales, porque tarde o temprano la fase de expectación de la población que cohabita en la etapa emocional, se desmorona. Habría que anotar que para este desmoronamiento, no hay vuelta atrás, para ese entonces la captura se consolida sin puertos de salida. 

 

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El vicio de origen siempre es el recurso. La fórmula social encuentra su lecho y su cuna en el recurso. Encuentra su propulsión en el recurso, el que nunca creó; encuentra en ese recurso, la base de dispersión de sus preceptos, que reclaman para los que menos tienen y los que menos tienen, encuentran en ese recurso, la solución a su postración, que nunca identificaron como necesidad. Es aquí en donde da inicio el juego perverso de la manipulación. Esa manipulación es la esencia del socialismo: yo te protejo y te doy, pero jamás pienses en dejarme porque tus privilegios quedarán atrás para ti y los tuyos. 

Pero queda en nuestra exposición, el tema de la tierra pendiente, el alimento. No, no se quedó en el camino, se quedó en el abandono y no se trata de primicias ni de justificaciones. Tal vez la fórmula social se quedó en la fórmula redistributiva del capital y dio por sentado que la producción agropecuaria seguiría su pauta ancestral, proveyendo. O tal vez las potencias se equivocaron de perspectivas también. Si nos ha comido el afán de la producción a escalas inimaginables y la apertura, queda el sabor amargo de la escasez y en no pocos casos, el hambre. En marzo del 2022, al inicio de la invasión rusa, el índice de precios de la FAO, incluyente de la media promedio de exportación de carne, lácteos, cereales, aceites, grasa y azúcar, alcanzó su máximo histórico: 159.7 puntos. 

El tema no es menor y es mundial. Se reitera, escasez y hambre. Entonces viene el proteccionismo a recordar episodios que nunca debieron abandonarse y entre ellos y para reforzar la crítica certera y adecuada que se hace reiteradamente en este espacio del populismo que padecemos: el campo mexicano y su completo abandono. Las cosas ya no se encuentran en el apelativo de protección o adecuación o apertura, las cosas hoy se encuentran en el equilibrio. La producción que hoy protegen Argentina y Brasil, de soya, maíz, trigo y arroz, México no la tiene en lo suyo, en su producción. 

Si complicamos más las cosas, no es tarea de crítica, es tarea de resolución que nunca llegó con la fórmula populista. Hoy tenemos una escalada en precios jamás vista y el gobierno en turno no tiene idea de cómo enfrentarlo. Vino un aumento al salario mínimo con una media del 16%, pero los precios de la canasta básica superan alzas del 34% en promedio. Los problemas no solamente son apremiantes, son de este día y el gobierno en turno centra su atención en la irrelevancia de un transgénico cuando el huevo por kilo se vende en 44 pesos y el orgánico en 84 pesos y la tortilla hasta en 24 pesos por kilo. 

El populismo no sitúa realidades. El populismo sitúa permanencia. El populismo sitúa vicios y confrontaciones, jamás soluciones. Precios y poder adquisitivo…problema nuestro, no es problema de la 4t porque interrumpe la transformación y esta es problema de futuro, el nuestro..

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Manuel Torres Rivera
Manuel Torres Rivera es egresado de la UNAM, de la Escuela de Contaduría Pública. También estudió Economía y recibió un grado de Master of Business Administration de la Universidad de Tulane. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a la docencia y la consultoría. Es socio de Formación y Desarrollo Clave. Tiene pasión por el alpinismo y ha recorrido buena parte del mundo en esta actividad. También por los caballos. Ha colaborado en el programa de Eduardo Ruiz–Healy.
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