Percepción de nuestra economía

Desde luego las interpretaciones de una economía no pueden ser las mismas, toda vez que la economía mexicana se encuentra estancada. Percibir no es igual a valorar y la percepción de un gobierno difiere de la de...

24 de junio, 2025 Percepción de nuestra economía

Desde luego las interpretaciones de una economía no pueden ser las mismas, toda vez que la economía mexicana se encuentra estancada. Percibir no es igual a valorar y la percepción de un gobierno difiere de la de un inversionista, como la percepción de un empresario o la de un agente productivo asentado de tiempo atrás pudiera llegar a ser cuestionada. La economía no es un sentimiento, no es un experimento, no es juego de posibilidades. La economía reúne desde luego una fase distributiva, es su esencia, pero requiere para su correcta interpretación que exista crecimiento; sin crecimiento, no existen recursos para distribución. En inglés, un término define adecuadamente: “allocation” y no existe traducción que exprese esta manifestación propia de la economía, en nuestro idioma. Nos quedamos con distribución, por tanto.

No tenemos un gobierno que brinde confianza para la inversión. Tenemos una dispersión en la toma de decisiones; un congreso concentrado en un mandato retardatario y obtuso, con herencia y presencia de pasado inmediato, una gama meramente interpretativa y confrontativa que hace de la función de gobierno un espectáculo grotesco y sin forma. Esta dispersión deja sin respuesta a las fórmulas del poder, las institucionales, iniciando con la presidencia misma, que en absoluto pasmo no puede resolver instancias en el momento, como se espera, quedando un plano no resuelto y sujeto a investigación posterior o expuesto a una autoridad de la que nunca llega la contundencia debida. En suma, tenemos un gobierno sin respuestas.

Cuando no existen respuestas, se duda del proyecto de gobierno y cuando esto se presenta, las inversiones se alejan por falta de certeza en todos los órdenes, no nada más el jurídico. Jugar con las reglas de multinacionales y otras manifestaciones probadas con éxito en otras naciones, es llevar las cosas en contra del empleo, de bonanza económica de particulares y de aspiraciones legítimas de mejora. La captación de rubros no contemplados en la retribución vigente en materia impositiva, sanciona actividades libres y retrocede a una legislación proscrita o simplemente jamás contemplada. El mal gobierno, con obra fallida, no debe trasladarse a la actividad productiva. En principio, la actividad gubernamental no debió invadir el terreno productivo al no asumir el riesgo correspondiente a una función propia del empresario.

 La captación de capital para una empresa de gobierno surge del gasto corriente y esto en sí es una contradicción económica por ser ilimitada. Ya padecemos la derrama insuperable de obra inútil en el acontecer cotidiano para sufragar los costos de operación de un banco que no lo es, una aerolínea que carece de proyecto y destinos, entre otra decena de ocurrencias y más allá de costos operativos de estas “empresas” la quiebra de la petrolera insignia y los sueños absurdos de autosuficiencia en gasolinas y alimentos.

Nunca existió proyecto, debemos reconocerlo. Pero tampoco se denunció a tiempo. Yo creo que la denuncia ante este populismo devastador apenas asoma su reclamo en el séptimo año de su atroz desempeño. Es claro el derrumbe de nuestra economía, es claro el endeudamiento impagable, es clara la ausencia de rumbo y es clara la desesperación del gobierno por ocultarlo. El compromiso social está por colapsarse y las miras de captura de recursos ya se agotaron. El gobierno está sin dinero, esa es una realidad inocultable. Las promesas ya colmaron los tiempos de espera; las medicinas no llegaron por más paliativos y pronunciamientos estériles. La producción agropecuaria atraviesa por su peor momento. Nos come una inflación incontenible que supera lo manufacturado en escasa proporción a los básicos. La población no puede comprar lo básico de la dieta familiar. El empleo formal se pierde por el estancamiento en la producción y por la incertidumbre en la demanda. La elasticidad de la demanda ya pierde proporción ante la volatilidad de los precios. 

Entonces viene la percepción que el gobierno pretende dar ante la indefensión del valor; el valor presente de la nación está en juego y el saldo interpretativo es negativo. La voz de alerta llega tarde y la pasividad del poder económico se pierde entre el costo de oportunidad y la verdadera oportunidad del momento, un momento que requiere mayor presteza y arrojo. No es sencillo retar las formas de concentración del poder político pero habría que recordar su temporalidad y esto no se hace todavía. Las señales de fuera muestran el camino, la Casa Blanca lanza su parte en esta fase de recomposición de la cosa pública, que no tiene pies ni cabeza, pero se toma de poco en poco y no basta. Ya no es problema de percepción lo nuestro, es valor, económico y valor en sí. Llamar al orden es tarea ciudadana pero el poder económico tiene que poner lo suyo; el producto sigue siendo privado y no público. Tal vez convenga retomar lo expresado en 2018 cuando daba inicio esta debacle ante ese infortunado pronunciamiento que hoy hace eco en el desastre económico y generacional: “no debe existir poder económico por encima del poder político”. El pronunciamiento se convirtió en sentencia. Estábamos advertidos y no pudimos darle el peso para afrontarlo de inicio. 

Hoy tenemos una percepción muy distinta del país que queremos; hoy podemos decir que la fórmula de poder actual no es la conveniente para México. La fórmula social no ve por todos y eso debe ser recordado hoy que puede ser contestada, tal vez mañana sea tarde.

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Manuel Torres Rivera
Manuel Torres Rivera es egresado de la UNAM, de la Escuela de Contaduría Pública. También estudió Economía y recibió un grado de Master of Business Administration de la Universidad de Tulane. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a la docencia y la consultoría. Es socio de Formación y Desarrollo Clave. Tiene pasión por el alpinismo y ha recorrido buena parte del mundo en esta actividad. También por los caballos. Ha colaborado en el programa de Eduardo Ruiz–Healy.

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