No existe paralelo a la economía

Prevalece una fuerte contradicción en la política económica de esta transición de gobierno; se impulsan iniciativas y apoyos que van más allá de la cobertura social, al grado de comprometer endeudamiento y haber liquidado fideicomisos, fondos de...

21 de junio, 2021 No existe paralelo a la economía

Prevalece una fuerte contradicción en la política económica de esta transición de gobierno; se impulsan iniciativas y apoyos que van más allá de la cobertura social, al grado de comprometer endeudamiento y haber liquidado fideicomisos, fondos de contingencia y reservas. No es casual la mención de “más allá” de la cobertura social; los excesos han inundado la suplantación de programas formales y en marcha, en salud, en protección a mujeres y a menores, por acepciones no solamente diferentes en su planteamiento de cobertura original, en ello se han trastocado las vías de acceso de la población por un afán centralizador ineficiente y tortuoso.

Centralizar ha sido uno de los yerros más agudos de esta transición; los programas se han entorpecido y han acumulado atrasos y cancelaciones imprevistas por la ausencia de padrones ordenados, que existían. Las excusas en la corrupción tan traída y llevada en tres años de gestión, no han redituado en un leve asomo de mejoría. Se ha culpado a la intermediación, a los vicios de años de ejercicio de una función; a la intervención de liderazgos y hasta ahora no existe prueba fehaciente del reparto de culpas que inunda el foro matutino reiteradamente. Podemos concluir que las prácticas anteriores, perfectibles sin duda, cubrían los sectores asignados a su esfera de acción.

La dispersión del presidente, que así la llama con frecuencia, es un ejercicio de simple demagogia sin respaldo ni sustento que atienda el origen del recurso o creación del mismo en un entorno de economía visto con seriedad. Es dispersión sin más propósito que ese. El presidente ha argumentado una y otra vez que la pirámide que cimenta la inversión en su cúspide, debe invertirse para apuntalar los ingresos de las clases con menores privilegios. En su imaginaria, esto fortalece los mercados de consumo. Esta aberración económica ha detenido precisamente lo más indispensable para robustecer mercados y por tanto la gran economía. Esta visión trastoca las cadenas de producción al introducir un estímulo de gasto sin correspondencia a un ingreso real.

Retomemos la contradicción ya mencionada: el impulso de metas de cobertura social, descuidando los agregados de valor en el estricto orden económico, alejando posibilidades de inversión, porque el camino del derroche naturalmente es un desvío intencionado de recursos, crea vacíos productivos y estos se han llenado de la toma de reservas ya mencionadas en fideicomisos y fondos o deuda. El límite al dispendio lo fijan variables, calificaciones o simple descalabros como el estancamiento en los sectores productivos. En las tres fases la economía mexicana ya se encuentra inmersa, la primera de ellas es la tasa de inflación, el tipo de cambio también. La segunda fase ya amenaza con situaciones de riesgo de calificadoras que pudieran retirar al país y la petrolera que nos arrastra al despeñadero, de inversión del exterior. Finalmente, la última fase, la de mayores consecuencias, la pérdida de competitividad y la pérdida de confianza.

Podemos abundar en la contradicción que vivimos en materia económica si optamos por calificar como modelo lo proclamado en austeridad republicana. Nunca ha existido ni ahorro ni austeridad en esta transición de gobierno. El despilfarro ha sido infame, por monto y por desperdicio. Echar mano de las arcas de la nación sin recato ni medida, ha significado un descalabro sin precedente en las finanzas públicas. Ostentar denominaciones con eufemismos que denotarían algún cambio, ha sido un desafío a las buenas costumbres del orden público. 

El contraste con tanta contradicción y suma de errores en la conducción de los números de la nación, es la supuesta alianza comercial con el bloque más poderoso del planeta y a ese pertenecemos curiosamente. Pertenecemos por derecho, por tradición, por costumbre y conveniencia. Pero las miras de esta transición son cortas y en esa cortedad, se simula una unión con naciones perdedoras. Es simulación porque los lazos jamás llegarían a una representación de verdadero significado dada la precariedad de sus haberes. La simulación no trasciende de visitas protocolarias e insignificantes para la vida nacional.

Así hemos transitado por espacio de tres años, años de pérdida generacional, de pérdida de competitividad, de pérdida de foros internacionales de valía y cooperación. Vivimos en un ostracismo gubernamental y una opacidad inusitados, en un encierro temporal de accesos y viabilidad latente en mercados y capitales. Transitamos todos los enunciados del populismo rampante, desde el bienestar hasta la construcción de futuros y la siembra de vida; transitamos de promesa en promesa hasta el fango cruento de la realidad. Transitamos por una economía inexistente en la moral y el comportamiento. Transitamos en la inoperancia y en la intransigencia para construir obra innecesaria y fallida de origen.

Finalmente damos cuenta del tiempo, del tesoro preciado que elude destino y presagio inmediato; damos cuenta del desprestigio que llega abiertamente del orden mundial, damos cuenta de la pérdida de respeto a una nación otrora pujante y victoriosa. Damos cuenta del paralelismo que quiere torcer la ruta y sino del encono mexicano, en una interpretación simplista, a la que respondemos con un no contundente, porque no aceptamos desviaciones de la ortodoxia que rige la interpretación clara y concisa de la economía. 

Demos cuenta de no desviar los apelativos y el juicio del camino que lleva a la razón económica, a la existencia y presencia dentro de un mundo global. Demos un adiós a las fórmulas de confusión en esa semántica dispersa que propaga la demagogia y el simplismo popular. No existen caminos alternos ni paralelos al enriquecimiento de la economía. 

Por más intento matutino…

 

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Manuel Torres Rivera
Manuel Torres Rivera es egresado de la UNAM, de la Escuela de Contaduría Pública. También estudió Economía y recibió un grado de Master of Business Administration de la Universidad de Tulane. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a la docencia y la consultoría. Es socio de Formación y Desarrollo Clave. Tiene pasión por el alpinismo y ha recorrido buena parte del mundo en esta actividad. También por los caballos. Ha colaborado en el programa de Eduardo Ruiz–Healy.
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