México sin una transición energética 

Actualmente, el país importa más del 60% de la energía requerida, principalmente gas natural y combustibles derivados del petróleo.

25 de noviembre, 2025 México sin una transición energética 

En México el presupuesto para 2026, que proyecta un PIB nominal cercano a los 39 billones de pesos, estima que los ingresos petroleros representarán el 3.1% de este valor. La proporción de ingresos provenientes del petróleo equivale al 14% del total esperado (1.2 billones de pesos). En caso de implementarse una reforma fiscal, existiría la posibilidad de reducir esta dependencia de los combustibles, considerando que antes de 2015 dicha participación superaba el 30%. Surge entonces la interrogante: ¿México está tomando la decisión adecuada respecto a esta transición?

El petróleo crudo y el gas natural continúan siendo pilares esenciales para las economías mundiales; sin embargo, es importante comprender que estos recursos deben aprovecharse estratégicamente para garantizar la seguridad energética de una nación en el futuro. Países como Estados Unidos, China y ciertas naciones europeas están invirtiendo actualmente en tecnologías orientadas al porvenir, especialmente en la generación de electricidad y energía a través de la fusión nuclear. ¿México en dónde está?

En 2023, la Agencia Internacional de Energía (AIE) pronosticó que la demanda mundial de petróleo alcanzaría su punto máximo en 2030, considerando la implementación global de planes de transición ecológica y la diversificación de carteras por parte de empresas de combustibles fósiles hacia alternativas renovables. Recientemente, la AIE revisó esta estimación al afirmar que la demanda podría continuar aumentando hasta 2050. Este ajuste responde a cambios en los compromisos climáticos internacionales y en las estrategias de diversificación energética adoptadas por compañías petroleras y gasíferas.

Desde la perspectiva actual del entorno global, México enfrenta limitaciones de infraestructura para transformar energías primarias en electricidad y combustibles para el sector transporte, lo que dificulta garantizar la confiabilidad necesaria para satisfacer la demanda energética total de los sectores económicos y de la sociedad. Actualmente, el país importa más del 60% de la energía requerida, principalmente gas natural y combustibles derivados del petróleo.

La cuestión central es si realmente comprendemos la nueva estrategia global, en la que el aumento de la producción de petróleo y gas natural, así como la inversión en fusión nuclear, constituirán los pilares del desarrollo futuro para las naciones a finales de este siglo.

Las nuevas generaciones enfrentarán el desafío de continuar dependiendo de fuentes extranjeras para satisfacer la demanda energética nacional en el futuro. Aunque se proyecta potenciar el suministro energético para centros de datos, actualmente más del 75% de la electricidad se genera a partir de combustibles fósiles. A pesar de los planes de expansión de la empresa estatal mediante nuevas plantas de generación, el principal obstáculo sigue siendo la insuficiente inversión en infraestructura para la transmisión y distribución eficiente de electricidad a los consumidores finales.

Según el informe Perspectivas Energéticas Mundiales de la Agencia Internacional de Energía (AIE), la organización revisó su proyección anterior y ahora indica que la demanda global de petróleo y gas podría continuar creciendo hasta mediados de siglo, es decir, veinte años más de lo estimado previamente. México debe tener presente que la extracción de estos recursos persistirá a nivel mundial, y cada nación asumirá los riesgos ambientales y futuros asociados en el contexto de la búsqueda por garantizar fuentes energéticas sostenibles. 

El petróleo y el gas natural continuarán representando pilares económicos para aquellos países que cuentan con dichos recursos en sus territorios y logran gestionarlos eficientemente para generar ingresos destinados a inversiones. Sin embargo, se recomienda que el riesgo financiero recaiga en capitales privados y que las políticas públicas aseguren la captación de recursos mediante impuestos, sin integrarlos como ingresos presupuestarios directos. En consecuencia, los mercados energéticos deben adaptarse a las necesidades globales y contemplar los riesgos a corto y mediano plazo. Es fundamental que los países mantengan flexibilidad y capacidad de adaptación en el tiempo, dejando de lado restricciones de índole ideológica.

El uso de combustibles fósiles, principalmente del gas natural, petróleo crudo y derivados, provendrá de la demanda estará impulsada por la industria, la energía residencial y el sector tecnológico, ya que varias empresas realizan importantes inversiones en centros de datos con alto consumo energético para impulsar el despliegue de tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial (IA), y están siendo ligadas a plantas de gas natural o nucleares.

En el informe de la AIE se prescindieron de los objetivos para eliminar gradualmente el uso de combustibles fósiles y para calcular el escenario mencionado, se consideraron únicamente las políticas gubernamentales vigentes. Como consecuencia, se proyecta que la demanda de petróleo alcance los 113 millones de barriles para el año 2050, lo que representa un incremento del 13% respecto al consumo de 2024, debido a que los gobiernos otorgan prioridad a la seguridad energética sobre la transición a fuentes de energía renovable.

México debería mantener una meta de producción de 1.8 millones de barriles diarios de petróleo crudo y limitar la producción de gas natural, considerando que existen importantes reservas y potencial para desarrollar combustibles de mejor calidad. Para alcanzar la autosuficiencia y fortalecer la soberanía energética, las empresas estatales necesitarán aumentar su presupuesto de aproximadamente 1 billón a 2 billones de pesos, dado que gran parte de la demanda del mercado actual depende de importaciones.

Estados Unidos y China comprenden que quien controle la producción y el consumo de combustibles fósiles dispondrá de los recursos financieros necesarios para impulsar el desarrollo de futuras fuentes de energía sostenible.

Es fundamental entender que el cumplimiento de la meta de cero emisiones netas para 2050 implica evitar nuevas inversiones en proyectos de carbón, petróleo y gas. No obstante, numerosos países continúan destinando importantes recursos a los combustibles fósiles para responder al aumento de su demanda energética. ¿México sabrá esto?

El uso de combustibles fósiles continuará a nivel mundial. México actualmente enfrenta limitaciones financieras que dificultan la explotación eficiente de estos recursos, lo cual restringe las inversiones necesarias en infraestructura destinada a optimizar su utilización, transformación, almacenamiento y logística. Además, esto limita el desarrollo de investigaciones orientadas a garantizar un presente sostenible para las futuras generaciones.

El ritmo de adopción de energías renovables y la velocidad de transición desde los combustibles fósiles dependen en gran medida de la capacidad de los países para diversificar sus fuentes energéticas e invertir en almacenamiento de baterías, con el fin de garantizar la estabilidad operativa de la energía verde. 

Por otro lado, el abandono de compromisos relacionados con energía limpia por parte de Estados Unidos podría impactar la transición internacional hacia fuentes sostenibles, dada su posición como principal emisor de dióxido de carbono a nivel mundial. Adicionalmente, las guerras arancelarias han incrementado los costos de insumos clave como el acero y el aluminio, lo que afecta los costos operativos, de inversión y la planeación tanto a corto como a largo plazo en el sector energético; el segmento de renovables resulta especialmente afectado, ya que los nuevos proyectos requieren altos niveles de capital inicial cuya recuperación se proyecta en el largo plazo. En comparación, los proyectos basados en combustibles fósiles suelen recuperarse financieramente en menor tiempo, incluso cuando involucran inversiones significativas.

México está comprendiendo que, en el contexto global actual, los combustibles fósiles continúan desempeñando un papel relevante. Para lograr una transición energética efectiva, es necesario apoyarse en recursos como el petróleo crudo y el gas natural antes de avanzar hacia fuentes renovables y, eventualmente, infinitas. En la actualidad, la transición energética no se centra únicamente en los métodos de generación eléctrica, sino que debe focalizarse en la eliminación progresiva del uso de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo crudo y el gas natural.

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Ramses Pech
Cuenta con 22 años de experiencia en la industria de hidrocarburos, energía geotérmica, energía y economía. Actualmente se desempeña como asesor en proyectos de energía y economía para la industria privada y gobiernos estatales. Principalmente se ha enfocado en la evaluación técnica y de proyectos, análisis de mercado y negocios estratégicos. Ingeniero Químico especializado en procesos petroquímicos por la Universidad Autónoma del Carmen; Maestro en Gestión de Empresas Internacionales por el Tecnológico de Monterrey. Colaborador en diversos medios escritos y electrónicos.
PEMEX nació en 1938 en un ambiente de negocios tan incierto como el de hoy en día; cuando terminaron Los Locos Años 20 con su carga de cambios institucionales y organizativos tales como los de las reformas roosvelianas desafiantes de las normas establecidas embalada en la creatividad propia del tremendo y mortífero holocausto que se aproximaba. Dio sus primeros pasos contextualizado por la conflagración internacional, pero particularmente comprometido con el corporativismo de Lázaro Cárdenas. Cuando comenzó a pisar esta tierra, también internalizó el modelo mental compartido del Nacionalismo Revolucionario derivado de la cultura mestiza; por lo que fomentó la xenofobia como daño colateral acompañante de la promesa del progreso independiente. Vivió una infancia cobijada por la desgracia ajena de los países beligerantes, porque en 1939 las ventas al exterior de PEMEX representaron casi la mitad (49%) de los ingresos por la exportación correspondiente. Este infante, se ilusionó con la soberanía nacional duradera e imperturbable que produjo el espejismo del Nacionalismo Revolucionario por obra del chovinismo creyente en una identidad nacional patriotera. Se desarrolló durante 1946/1970 sobredimensionando los costos de producción especialmente en las regiones de Tamaulipas y Veracruz. Su estilo de desarrollo fue el Desarrollo Estabilizador mediante el agrandamiento de la demanda interna a causa de un PIB mismo período en promedio anual de 6.2%. Entonces se institucionalizó la economía rentista gracias a una renta petrolera usufructuada en primer lugar por la oligarquía del mismo género; y luego por los empresarios segundones; y después por los consumidores. La gasolina más barata del mundo debilitó su musculatura mediante el subsidio gubernamental que repercutió negativamente en las finanzas públicas porque si los impuestos petroleros representaron en 1940 el 15% de los ingresos fiscales, en 1970 personificaron solamente el 3%. Haciendo caso de los preceptos liberales, se inició el empobrecimiento del Estado, al mismo tiempo que el enriquecimiento del mercado rentista. El Desarrollo Estabilizador institucionalizó y organizó una sociedad de cazadores de rentas que, esta sí, fue perdurable en la realidad donde el Gran Zombi viviente paseó tranquila y distendidamente. Empobrecimiento del Estado que cavó la sepultura con las palas de la deuda pública y el déficit fiscal para que el zombi pudiera hacer la siesta como complemento integrativo de su paseo. Durante la Docena Trágica de Echeverría y López Portillo, cayó del cielo el mejoramiento de los términos del intercambio, el cual dibujó una sonrisa en el habitualmente circunspecto y algo arrugado Gran Zombi. Pero en 1982 se le borró completamente la sonrisa, porque el precio promedio de petróleo bruto exportado cayó abruptamente a 28.69 dólares. De todas maneras, la economía mexicana se petrolizó iniciando un juego suma cero donde lo que ganaban los cazadores de rentas (algunos de estos multimillonarios), lo perdía el Gran Zombi que le hizo pagar los platos rotos al gobierno dentro de un proceso llamado socialización de pérdidas y privatización de los beneficios. Sin que ello significara matar al Gran Zombi, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas le aplicaron el tratamiento del Ajuste Estructural para confort de su burocracia sindical. Ocurrido en 2001, el Pemexgate consistió en un desvío millonario de fondos del sindicato petrolero, cuyo dinero fue a parar a la campaña presidencial de Francisco Labastida, candidato del PRI en las elecciones del 2000. El Ajuste Estructural terminó por premiar a los líderes de la burocracia sindical, los cuales financiaron la campaña electoral del PRI - todavía partido de Estado - cuyo eje económico esencial fue el Gran Zombi. Al cabo de su senectud, el Gran Zombi registró veintidós años de pérdidas financieras. Los apoyos financieros al mismo durante el actual sexenio sumarán 1.49 billones de pesos. A pesar de esta cuantiosa ayuda gubernamental, el Gran Zombi sigue siendo el más endeudado del mundo con 105.836 millones de dólares. Aplicando una vez más, la política de subsidios globales, pero no puntuales, el gobierno está subsidiando el 35% del costo de la gasolina para beneficiar: (1) a la oligarquía rentista; (2) a los empresarios rentistas segundones; (3) a los consumidores; es decir: para apalancar al auto refuerzo del rentismo nacional. En tanto que fiel sucesora de AMLO, Claudia Sheinbaum no le tocará ni un pelo al Gran Zombi. Si se desentiende de esta fidelidad; será otro cantar.

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