Mensaje a la inversión

El pueblo por encima de la ley. Un pronunciamiento claro y directo del presidente López, conformando una trayectoria de dos años y un tanto más de exposición de una visión económica que ha carecido de proyecto desde...

12 de octubre, 2020

El pueblo por encima de la ley. Un pronunciamiento claro y directo del presidente López,
conformando una trayectoria de dos años y un tanto más de exposición de una visión
económica que ha carecido de proyecto desde meses antes de su toma de posesión.
Consultar sin bases sólidas ya denota incertidumbre, no en la que arrastra al inversionista,
incertidumbre ante la ausencia de proyecto que desde hace más de dos años ha
desembocado en improvisación.

El presidente nunca ha tenido una idea clara del funcionamiento de la economía. Porprincipio, la economía es una disciplina y eso ya impone reglas y preceptos, precisamente todo lo que no es ni su praxis ni su proceder. De candidato, que lo fue por espacio de
décadas, gustaba de repetir conceptos abstractos en dos o tres renglones para condenar en
sus rivales, ya en gobierno, circunstancias de empleo, de crecimiento y fórmulas sencillas
de acoplamiento a un discurso retador en la oposición.

Una vez en el poder, el presidente inició su entender económico en un supuesto falso, el
primero de una serie: la corrupción desviaba 500 000 millones de pesos y los incluyó en
una imaginaria concreta y veraz. Al imaginarlos, los gastó. Nunca existieron. Las siguientes premisas de construcción de un modelo económico, falsas también, expusieron un ahorro adjetivado como republicano para establecer parámetros de austeridad y distanciar fórmulas del pasado. Estas nunca ahorraron; simplemente se convirtieron en recortes de programas  asistenciales, operando todos y con amplia cobertura, todos también.

Lo primero que resaltó en la inoperancia de este procedimiento, que no modelo, naturalmente fue el destino del recurso, lastimando la cobertura. La excusa, que en este gobierno existe desde su inicio, ha sido la intermediación, otro de los propósitos que en la supuesta eliminación de corrupción, centraba el recurso en lo que el mismo presidente ha admitido como dispersión. Para el presidente López, dispersar es atender una modalidad que no existe: la activación de mercados de consumo por la simple dádiva gubernamental.

Premiar una actividad no productiva y confundirla con ingreso es una aberración
económica. Un ingreso no compensado a un esfuerzo creado en los agregados de valor,
simplemente no adquiere materia de regulación económica. Si lo analizamos en forma descendente, el precio de un bien o servicio ya descontó desde mano de obra y todos los costos y gastos de operación, hasta crear un remanente conocido como utilidad. Un gobierno no solamente no debe interrumpir esta cadena productiva con verdaderos agregados de valor, viola preceptos exclusivos de los agentes económicos.

Podemos situar esta circunstancia en un paso adicional: el gobierno vive de la renta derivada del ingreso que por ley grava parte de las utilidades de operación de los entes económicos. También desde luego del impuesto al consumo, pero nos importa la renta. Ese ingreso del gobierno ya incluye el valor agregado del empleo en la mano de obra. Por definición, el gobierno, con ese ingreso de renta construye programas asistenciales, infraestructura y servicios básicos, como salud, vivienda, educación y un sinfín de renglones. Pues bien, este gobierno toma ese ingreso que ya capturó de las cadenas de valor y lo duplica en su esquema de gasto al regresarlo como ingreso sin valor agregado.

Todo error en la gran economía tiene un efecto multiplicador y un vicio multiplicado por millones de recipientes naturalmente produce un efecto devastador. Eso es precisamente lo que ha ocurrido con el supuesto ahorro republicano y su austeridad como par. Lo único que ha logrado es una concentración del recurso y un uso discrecional pretextando la distribución directa sin intermediación, como fue explicado anteriormente.

Interrumpir el contrato social o alterarlo con fórmulas supletorias ha provocado una
cobertura deficiente y una administración pública deficiente e ineficaz. La reducción tan dramática del salario del servidor público ha reorientado la actividad especializada o la ha anulado. Las manos inexpertas a las que ha acudido esta transición, naturalmente han desbocado desde licitaciones hasta partidas presupuestales en franco desperdicio de recursos.

Los intentos por acercar voluntades y entendimiento del sector empresarial, han resultado en programas tardíos e insuficientes. El anuncio reciente es un esfuerzo loable de nuestros empresarios pero la conducción de las tareas todavía reúne espacios muy inciertos y la reacción del presidente López un día invita al capital y al siguiente lo excluye. No puede con su propio discurso; no puede con las tareas que ha decidido centrar en su ámbito de acción y finalmente no puede concretar planes de futuro porque no tiene una agenda a largo plazo y carece de equipo asesor con visión de progreso.

La senda de captura de fondos de contingencia, de reservas y fideicomisos puede resultar
en una vorágine legal en materia de amparos y demandas, que tal vez el ejercicio resulte
más costoso que el intento mismo. El gobierno ha ignorado preceptos inviolables de plazos
establecidos en los encargos de bienes, que eso son los fideicomisos. Estos, no son entidades con capital que puede retirarse de un día a otro. El precepto deja un sabor amargo, otro más, al inversionista que busca radicar capital y planes de expansión bajo dos premisas: confianza y estructura jurídica.

Finalmente, el tema que lacera nuestra vida diaria: los tres grandes proyectos de esta transición, amparados en un dispendio sin medida, en una circunstancia desfavorable para
el tiempo que vive México y el mundo y sumidos en absoluta incompetencia en relación al
costo del capital, recuperaciones de estricta medida financiera y un desdén absoluto de
problemas de tenencia de la tierra, imposiciones contractuales, medidas violatorias
ambientales y total ausencia de respeto y consideración de áreas naturales y reservas
territoriales.

Es claro que el mensaje para la inversión no hará eco, no al menos en capital fresco. Las inversiones que por inercia realizan multinacionales se darán, pero no en la medida de las
necesidades del país, en la mesura del talento que la precede. Tenemos un mensaje del
presidente López. Con ese mensaje el crecimiento económico se dará cuando se vaya.

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Manuel Torres Rivera
Manuel Torres Rivera es egresado de la UNAM, de la Escuela de Contaduría Pública. También estudió Economía y recibió un grado de Master of Business Administration de la Universidad de Tulane. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a la docencia y la consultoría. Es socio de Formación y Desarrollo Clave. Tiene pasión por el alpinismo y ha recorrido buena parte del mundo en esta actividad. También por los caballos. Ha colaborado en el programa de Eduardo Ruiz–Healy.
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