Leverage: el manejo de la deuda

A pesar del anglicismo, leverage ha trascendido como término significativo en toda emisión de deuda para adecuar su monto en relación o proporción a su relatividad. Dicho esto, leverage o proporción de deuda con respecto al respaldo...

14 de septiembre, 2020

A pesar del anglicismo, leverage ha trascendido como término significativo en toda emisión de deuda para adecuar su monto en relación o proporción a su relatividad. Dicho esto, leverage o proporción de deuda con respecto al respaldo de activos, se convierte en un índice de asertividad en toda entidad económicamente activa. Se le ha otorgado una denominación de apalancamiento financiero para facilitar su interpretación analítica en nuestro entorno. Como sea, o como lo enuncien los textos de finanzas, su estudio es una guía valiosa en la evaluación de un agente económico sin importar su tamaño o su influencia dentro de un mercado o entorno.

La deuda, tradicionalmente, es una interpretación de riesgo. En este espacio hemos repasado algunos conceptos que hacen un refuerzo de la estructura de capital cuando se estima la deuda como recursos propios, pero no generados en el tiempo. Esto forma parte de la Teoría de Eficiencia de Mercados que estipula o evalúa toda función de valor en valor presente. De esta manera, la acción de una empresa situada en los mercados de capitales refleja en todo momento un valor actual. La estructura de capital contempla el total de recursos de plazo como propios, sean de estricta capitalización de accionistas o deuda de plazo. Naturalmente, los retornos esperados difieren. Unos se llaman dividendos y otros cargos financieros o intereses.

Para situar el concepto de leverage en su forma más simple, podemos imaginar el ingreso familiar en 40 000 pesos mensuales, derivado tal vez de ingreso mancomunado. De este ingreso debemos deducir todo concepto fijo de gasto, renta, educación de hijos, seguros, alimentación, electricidad, teléfono y otros. En el supuesto de un 50% del total de ingreso neto, tendría esta familia cierta libertad para comprometer una hipoteca que no rebasara un monto superior a 20 000 libres de ingreso. Asumiendo una hipoteca de 8000, se juzgaría razonable el endeudamiento siempre y cuando los ingresos no variaran.

De este ejemplo podríamos derivar las siguientes conclusiones: si relacionamos 8000 pesos de deuda a plazo entre 40 000 de ingreso, estaríamos faltando a la concepción de riesgo del crédito hipotecario que debería considerar a la familia en su concepción presente y futura, que precisa de los mismos 20 000 para continuar no solamente en su trayectoria de vida, sino continuar con la vida del préstamo.

Las empresas se encuentran en un contexto similar en el manejo de su deuda. La diferencia estriba en su entorno y en sus plazos. Las empresas están destinadas a crecer y en ese destino el papel del capital juega un papel muy importante. Líneas atrás mencionamos la estructura de capital, mencionamos también estricto fondeo de accionistas y deuda de plazo. Los costos distan y separan oportunidades para el crecimiento referido. Los dividendos representan un costo variable y muy elevado. La deuda es fija en costo y es más flexible en la adaptación a planes de financiación de planta y equipo y naturalmente con un grado elevado de especialización.

Como sea, la deuda forma parte del espectro de todo ente económico. Lo importante en este texto es simplemente destacar su proporción. Si una empresa compromete gran parte de sus activos, pero está en proceso de nutrir canales de distribución que superan a su competencia, tal vez merece una calificación menor de riesgo que una empresa más tradicional y concentrada en mercados cautivos y sin mayor afán de incursión en mercados o productos nuevos.

Las calificadoras de riesgo hacen esta labor interpretativa de hechos y circunstancias y evaluación de perspectivas futuras para cualquier agente económico. Sería muy simple aplicar razones financieras para estimar liquidez o estimar razones de capital a un total de pasivos, sin contemplar todas las posibilidades de plazos medios y largos y dejando fuera oportunidades de investigación y desarrollo, amén de infinidad de intangibles.

En estos días más que nunca, la proyección de futuro está basada en más intangibles que en el valor de activos. La recomposición económica dicta tareas jamás vistas en la evaluación de costos, precios y mercados activos y listos para la oferta prevista después de la contracción de las economías. El plano fiscal juega un papel importante y las grandes economías han reconocido este impulso. El Banco Central Europeo ha asumido créditos con una tasa cero para reactivar las cadenas productivas. También, ha asumido papel de bancos centrales para absorber el impacto crediticio y nuevamente, sanear cartera de bancos de inversión.

Los gobiernos no distan de esta función de proporción de sus obligaciones contractuales. Desde luego entran en juego los activos de la nación en esta medida de proporciones que relatamos. Sabemos también que los activos de la nación están representados por un índice que suma bienes y servicios, el Producto Interno Bruto o PIB. Más allá de las cifras de la gran economía, no podemos dejar de lado la recesión que ya existía en México antes de la pandemia. Esta administración anuló toda prerrogativa de crecimiento del producto y el estanco en el sector productivo si no rondaba el 1% en sentido negativo, sí el 0 en términos de referencia en su desempeño. 

Las causas de este fracaso económico son múltiples, pero este espacio está concentrado en deuda, de modo que sin mencionar cifras haremos un recuento de proporciones: el presidente insiste en que no se acude al endeudamiento. Es una aseveración falsa; las calificadoras de inversión ya mencionadas castigan con mayor retorno todo papel emitido por la petrolera que no deja de perder dinero y de ese modo el servicio de la deuda aumenta sin aumentar el valor nominal de la misma. 

Al caer el producto o mantenerse sin crecimiento, la economía nunca analiza funciones estáticas, de tal manera que si la deuda pública llegó a representar el 53% del PIB y está por llegar al 60%, entonces existe endeudamiento inocultable. La gravedad no estriba en la proporción, toda vez que como fue explicado existieran proyectos de futuro. No los hay. México no está contemplando vías alternas de exploración de aguas profundas, de energías renovables y robustecimiento de mercados y competitividad con inversión extranjera directa; todo lo contrario, la ahuyenta con encuestas absurdas e incertidumbre jurídica

Este texto continuará en una segunda parte….

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Manuel Torres Rivera
Manuel Torres Rivera es egresado de la UNAM, de la Escuela de Contaduría Pública. También estudió Economía y recibió un grado de Master of Business Administration de la Universidad de Tulane. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a la docencia y la consultoría. Es socio de Formación y Desarrollo Clave. Tiene pasión por el alpinismo y ha recorrido buena parte del mundo en esta actividad. También por los caballos. Ha colaborado en el programa de Eduardo Ruiz–Healy.
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