El cesarismo consiste en un régimen de gobierno dirigido por un jefe post verdadero, demagogo y populista; al cual se le atribuye capacidad redentora. Sus acólitos cultivan con enjundia el culto de su personalidad y la de sus cortesanos. En el caso de EEUU, se personaliza en Donald Trump y Elon Musk.
Los monaguillos adjudican a Trump el significado de un Jesucristo Siglo XXI y a Musk la heroicidad de un empresario clarividente. En realidad, Donald es un delincuente inmune protegido por el estatus presidencial, y Elon un oportunista de implantación planetaria.
Donald Trump y Elon Musk crearon las bases de un nuevo proyecto imperial y escribieron el plan correspondiente; pero, tal como dijo Mike Tysson (citado por Gilles Gressani): “todo el mundo tiene un plan, hasta que recibe el primer derechazo en la jeta”. Este primer golpe: ¿será el rechazo al acta del derecho de suelo promulgada por Trump e invalidada por un juez?; ¿o será la crítica de Elon Musk al proyecto Stargate de inteligencia artificial sustentado por Trump en compañía de OpenIA, Softbank, Oracle y MGX quienes no tendrían la capacidad financiera suficiente para tal mega emprendimiento? Nadie; ni tampoco el cesarismo trumpista, escapa al derechazo en la jeta enviado por un buen boxeador.
Donald y Elon trabajan con empeño por institucionalizar formal o informalmente a la dictadura de la plutocracia cesarista, mediante sendos negociazos como el bitcoin con la efigie de Trump, o a la captura del Estado de Musk gracias al financiamiento de la campaña electoral. En el primer caso, aumentó por diez su patrimonio y; en el segundo caso, gastó varios millones de dólares que facturará en forma mayorada durante 2025 a 2029. Un Jesucristo Siglo XXI locamente enamorado de sí mismo (lo de locamente no es una adjetivación casual), y un héroe empresarial saqueador del Estado Botín, entre otras habilidades de mercado. El cesarismo gobernante en los EEUU, transitará por tres caminos paralelos: (1) el imperio de las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones en desmedro de la política social; (2) la desreglamentación económica para que los GAFAMX (no hay error) como hijos predilectos del régimen populista privatizador, hagan lo que se les dé la gana y como se les dé la gana; y (3) la guerra comercial; por ahora; con China.
El cesarismo norteamericano se está integrando a las nuevas formas de mundialización, porque las cadenas de valor devienen más resilientes y menos concentradas geográficamente; porque no están emergiendo los BRIC, sino una economía mundial multipolar con varias implantaciones territoriales de producción o de consumo, y – lo último, pero no lo menos importante – porque los megabancos de datos obligan a replantear todos y cada uno de los escenarios estratégicos.
Dijo Georges Clemenceau: «dadle al César lo que es del César; en el entendido de que todo es del César”. En 2024, cada multimillonario del planeta se embolsó 2 millones de dólares por día mediante un enriquecimiento obsceno (Oxfam), porque no es producto del mérito empresarial o del esfuerzo laboral, sino de los efectos multiplicadores de fortunas evasoras de la fiscalidad (rentas de situación), o de la formación monopolista de precios (renta de monopolio); ambos funcionalizados por el populismo privatizador del iliberalismo estadunidense, argentino, húngaro, indio, turco y de otros más.
El cesarismo universal pretende eliminar suprimir todas las limitaciones al incremento de sus patrimonios financieros o reales. Se llena la boca con la libertad para, en nombre de esta, suprimir las libertades de los otros.
El Departamento de la Eficiencia Gubernamental de Elon Musk apela a la motosierra no solamente para recortar indiscriminadamente el gasto público, sino para destruir la función pública en la óptica de un anarquismo de mercado que no existió ni existirá en ningún lugar del planeta. Este anarquismo sirve para que los neonazis (recuerde el saludo hitleriano de Elon Musk) se regodeen en su esquizofrenia.
Al mismo tiempo, el anarquismo cesarista es útil para abandonar totalmente la solidaridad humanitaria con los inmigrantes (tenga presente el dicho de una pastora protestante a Donald Trump); así como el cultivo de la suspicacia con respecto a cualquier estructura política progresista, o la desreglamentación radical de la política ecológica.
En la hora del cesarismo, merecemos compasión.
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