En las últimas décadas las migraciones se dieron de las zonas rurales a las urbanas, y de las ciudades a otros países. Este fenómeno se llama “crecimiento exportador”. Deriva de que cada persona no tiene lo que cree que debería tener. Hoy cada día es más complicado tener acceso a un futuro.
Analizando el contexto anterior, podemos redirigir que el desplazamiento humano está mal entendido. Todo lo ligamos a la migración, pero en, realidad, de acuerdo con el centro de monitoreo de desplazamiento interno (Sus siglas en inglés IDMC), los “refugiados fueron desplazados internos antes de traspasar una frontera internacional, aunque solo fuera por un reducido lapso temporal o durante el tránsito; en segundo lugar, los desplazados internos son candidatos por excepción a convertirse en refugiados o migrantes transnacionales”.
El centro indica también que “La gran mayoría de las personas que abandonan sus hogares huyendo de la violencia, los conflictos y los desastres no llega a cruzar las fronteras internacionales. En los últimos años, el número de desplazados internos por violencia y conflicto armado ha duplicado aproximadamente al número de refugiados, y la brecha entre las estimaciones para ambos grupos no ha dejado de aumentar en las últimas dos décadas. De los 65 millones de desplazados forzados que hay actualmente en el mundo, 40 millones (más de un 60%) son desplazados internos. Aunque las razones de desplazamiento son exactamente las mismas que las de los refugiados, el sufrimiento de los desplazados internos queda prácticamente en el olvido debido a que permanecen en su país de origen. En este sentido, los desplazados internos constituyen la mayoría invisible entre todas las personas desplazadas”.
El centro ha determinado siete áreas que afectan a una economía el desplazamiento de las personas: Vivienda e Infraestructura, Seguridad, Redes de apoyo social, Medio ambiente, Educación, Salud y Medios de subsistencia. Como estamos viendo la situación actual, aquellos que quieran migrar deberán demostrar una capacidad que ayude a la económica del país receptor.
A partir de 2022 ya no se podrán absorber los gastos de individuos que buscan la protección de otro país. Ahora se antepondrá en qué puede contribuir el migrante a la economía del país donde se aloja. Los países receptores buscan que la gente migrante sea parte integral del PIB. En este aspecto estará la forma como cada política pública de cada nación integrará a los individuos, según qué aporten a las economías y justificar el tiempo que podrán estar.
Visualizo que veremos economías de mediano plazo, y que permitirán la entrada de mano de obra calificada, científica y tecnológica, ante la carrera ya no armamentista como era antes, sino de índole tecnológica, salud y energética para poder hacer frente al futuro ante el crecimiento demográfico en el mundo.
Esto traerá como consecuencia una desintegración mayor de familias, incremento de mayor demanda de energéticos, productos, servicios, y todo lo que conlleve a tener que gastar más para poder cubrir la demanda interna de una ciudad o país.
¿Y qué ha pasado con el Hipódromo…?
Así pues, hoy, la industria hípica enfrenta una crisis que, sin intervención oportuna, podría derivar en su colapso definitivo.
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