A finales de octubre del año pasado, un grupo de caballistas interesados en rescatar la actividad hípica del Hipódromo de las Américas solicitamos a un periodista amigo que, durante una de las conferencias mañaneras, le expusiera a doña Claudia —la presidenta de todos los mexicanos— la gran cantidad de problemas que enfrenta y sigue enfrentando la industria de las carreras de caballos, no solo en el Hipódromo de las Américas, sino en todo el país. La realidad es que las carreras de caballos no se han concebido como una verdadera industria, a pesar de que generan una gran cantidad de empleos especializados.
En noviembre de ese mismo año, solicitamos al diputado Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, que nos recibiera para contribuir en la elaboración de la tan cacareada “Nueva Ley de Juegos”. Sin embargo, dicha petición nunca tuvo respuesta.
El caos que impera en el Hipódromo de las Américas se debe principalmente al incumplimiento del permiso con que cuenta la empresa permisionaria. La falta de premios dignos y de una autoridad hípica confiable —no como la que prevalece bajo el mando del señor Mauricio Rodrigo Ayala Rosique, quien ha resultado un incompetente de siete suelas, por decir lo menos— y ha llevado a la actividad a una situación crítica.
En aquel entonces, doña Claudia expresó que conocía la situación de la concesión y ofreció que Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, atendiera el tema.
Por instrucciones de la presidenta, se comunicó conmigo el maestro Néstor Vargas Solano, en ese momento titular de la Unidad de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Gobernación y hombre de su confianza. Me citó para que le expusiera el problema, autorizando que me acompañaran otros interesados. Nadie quiso acompañarme.
En aquella reunión participó también la licenciada Christian Salguero, funcionaria de la Dirección General de Juegos y Sorteos. Le presenté un documento titulado “Al rescate de la Industria Hípica de Caballos Pura Sangre”, que describía la grave situación del Hipódromo de las Américas y su deficiente operación, con el propósito de que la autoridad reguladora (SEGOB) tomara medidas para propiciar el renacimiento de la industria hípica mexicana. Hasta ahí llegó esa gestión.
Meses después, volvimos a tocar el tema en la mañanera, y la historia se repitió. El maestro Vargas volvió a convocarnos, y esta vez sí estuvo presente la directora de Juegos y Sorteos, María de Lourdes Ramírez García, con todo su equipo. Reiteré el lamentable estado del Hipódromo: la falta de mantenimiento en las instalaciones, los premios insuficientes y la ausencia de una autoridad hípica verdaderamente independiente de la empresa, es decir, una Comisión de Carreras como Dios manda.
Para hacer la historia corta: el pasado 10 de marzo tuvimos otra reunión con funcionarios de la Secretaría de Gobernación. Asistieron todos los representantes del sector hípico: propietarios y criadores, jinetes, entrenadores y también los representantes de la empresa, los licenciados Carlos Zamudio Jiménez y Andrés Reyes Bermúdez. No se logró ningún acuerdo para aumentar los premios, que llevan cinco años sin incrementarse. Sobre la denuncia de la espuria autoridad hípica, los representantes de los caballistas prefirieron guardar silencio.
El maestro Néstor Vargas Solano condujo la reunión, aunque en la minuta final no aparece su firma, a pesar de que siempre fue la voz cantante, pues la directora de Juegos y Sorteos se comportó como una simple sombra. Por supuesto, los acuerdos plasmados en esa minuta siguen hasta hoy incumplidos.
Actualmente, el maestro Vargas ocupa otra posición en el gobierno federal, como representante de doña Claudia Sheinbaum en el recién creado Órgano de Administración Judicial. A pesar de su mala reputación, sigue siendo uno de sus hombres de confianza.
Doña Claudia, dice estar convencida de que la impunidad y la corrupción heredadas del pasado —y que lamentablemente persisten en su administración— deben erradicarse. Ojalá, para rescatar la industria de las carreras de caballos del país, su gobierno actúe con el lema “¡Tope hasta donde tope!” y empiece por lo esencial: una Nueva Ley de Juegos, o mejor aún, una Ley específica que regule la Industria Hípica Mexicana, que garantice una autoridad independiente y obligue a la permisionaria, la empresa española CODERE —cada vez más endeudada, como se puede constatar en la liga que adjunto—, a cumplir con todas las condiciones de su permiso… o, en su defecto, que se vaya.
Se comenta también que habrá un aumento en los impuestos aplicables a los juegos. Esperemos que esto no incluya el dinero que generan las apuestas del Hipódromo, porque sería el último clavo en el ataúd de un espectáculo que agoniza en las Lomas de Sotelo.
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¿Y qué ha pasado con el Hipódromo…?
Así pues, hoy, la industria hípica enfrenta una crisis que, sin intervención oportuna, podría derivar en su colapso definitivo.
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