Innovar es un proceso doloroso, pero es necesario para crecer: Premio Nobel de Economía 2025

A propósito del Nobel de Economía 2025, Romero Hicks nos comparte los pormenores de los galardonados.

15 de octubre, 2025 Innovar es un proceso doloroso, pero es necesario para crecer: Premio Nobel de Economía 2025

Cada año, el Premio Nobel de Economía se convierte en una brújula intelectual que señala hacia dónde se dirige el pensamiento económico global. No es solo una medalla dorada ni la nada despreciable suma de 1.2 millones de dólares para los galardonados: es un reconocimiento que legitima ideas, teorías y modelos que pueden transformar la vida de millones de personas.

En 2025, el galardón ha sido otorgado a tres economistas que han dedicado su carrera a entender cómo la innovación impulsa el crecimiento económico: Joel Mokyr (Universidad Northwestern, EE.UU.), Philippe Aghion (Collège de France y London School of Economics) y Peter Howitt (Universidad Brown, EE.UU.).

El premio nobel otorgado este año nos invita a reflexionar sobre lo que significa premiar la innovación en un mundo que enfrenta estancamiento, desigualdad y crisis climática. Y es que, ante los problemas del mundo actual, muchas veces nos preguntamos o ponemos en entredicho si la economía puede seguir prometiendo progreso, y si fuera el caso, qué tipo de innovación necesitamos impulsar para alcanzarlo.

Cuando se habla de crecimiento económico, muchas veces se piensa en cifras abstractas: PIB, productividad, niveles de empleo, sectores estratégicos, etcétera. Pero detrás de esas métricas hay ideas, modelos y personas que las han moldeado. Este año, el Nobel de Economía reconoce a tres pensadores que han dedicado su vida a entender cómo la innovación transforma sociedades.

Joel Mokyr no es un economista convencional. Su formación como historiador económico le ha permitido mirar el crecimiento no solo como un fenómeno numérico, sino como una consecuencia de la cultura, el conocimiento y la mentalidad de una época. En obras como The Lever of Riches y A Culture of Growth, Mokyr argumenta que el verdadero motor de la Revolución Industrial no fueron las máquinas, sino las ideas.

Según Mokyr, Europa en los siglos XVII y XVIII vivió una transformación intelectual que valoró el conocimiento útil, la experimentación y la crítica racional. Esta “cultura de crecimiento” fue el caldo de cultivo para inventos, mejoras técnicas y una explosión de productividad. En otras palabras, sin una revolución en las ideas, no habría habido revolución en la industria.

Su enfoque ha sido clave para entender que el progreso económico no es automático ni inevitable: depende de las instituciones, los valores y la forma en que una sociedad trata el conocimiento. Las ideas de Mokyr vienen a refrescar no solo el panorama global del pensamiento, sino que para el caso específicamente de México traen una reflexión importantísima: como sociedad debemos estimular y no coartar la información y el conocimiento.

Es claro que en los últimos años, nuestro país ha sido víctima de la desinformación y el desprecio por la ciencia, al verlos como un aspecto sobre el cual el gobierno debe tener más control que nunca. Recordemos como fue la restructura del CIDE de hace apenas algunos años, cómo se han reducido o estancado los presupuestos de las universidades y cómo se ha decidido invertir más en obras vistosas.

Mientras Mokyr mira hacia el pasado, Aghion y Howitt, los otros dos galardonados con el Nobel han construido modelos para entender el futuro. Su trabajo conjunto dio origen a la teoría del crecimiento endógeno, una revolución en la forma de pensar el desarrollo económico. Antes de ellos, los modelos tradicionales asumían que el progreso tecnológico “caía del cielo”, como una variable externa. Aghion y Howitt dijeron: no, la innovación es el resultado de decisiones humanas, de inversión, de competencia, de política pública.

Su modelo de destrucción creativa, inspirado en las ideas de Schumpeter, describe cómo las nuevas tecnologías reemplazan a las antiguas, generando ciclos de renovación que impulsan el crecimiento. Pero dicho modelos también advierte que este proceso puede ser hasta cierto punto doloroso, ya que algunas empresas quiebran, hay empleos que simplemente desaparecen y las habilidades de algunas personas se vuelven obsoletas. Es por esto que su trabajo ha sido fundamental para diseñar políticas que acompañen la innovación con protección social, educación y redistribución de la riqueza.

Lo fascinante de este trío es que, aunque vienen de tradiciones distintas -historia, teoría matemática, política económica-, convergen en una misma intuición: el crecimiento económico depende de nuestra capacidad de innovar. Pero también de cómo organizamos esa innovación, cómo la distribuimos, cómo la protegemos.

Premiar a Mokyr, Aghion y Howitt no es solo reconocer sus trayectorias académicas sino enviar un mensaje de que el futuro económico no se construye con recetas del pasado, sino con ideas que entienden la complejidad del presente.

Crecimiento impulsado por innovación

Cuando se habla de crecimiento económico, es común imaginar fábricas produciendo más, empresas expandiéndose o países aumentando su Producto Interno Bruto. Pero ¿qué hay detrás de ese crecimiento? ¿Qué lo provoca realmente? La teoría premiada este año con el Nobel de Economía responde con una palabra clave: innovación.

Durante décadas, los modelos económicos tradicionales explicaban el crecimiento como resultado de la acumulación de capital y trabajo. Si un país invertía más en maquinaria, contrataba más personas y mejoraba su infraestructura, su economía crecería. Pero este enfoque tenía un límite: no explicaba por qué algunos países crecían de forma sostenida durante décadas, mientras otros se estancaban.

Aquí es donde entra la teoría del crecimiento endógeno, desarrollada por Philippe Aghion y Peter Howitt. En lugar de asumir que el progreso tecnológico “llega de afuera”, como una fuerza misteriosa, su modelo lo incorpora como resultado de decisiones internas: inversión en investigación, competencia entre empresas, políticas educativas, incentivos fiscales. En otras palabras, el crecimiento económico es una consecuencia de cómo una sociedad organiza su capacidad de innovar.

Una de las ideas centrales del modelo es la llamada destrucción creativa, un concepto tomado del economista Joseph Schumpeter. Esta noción describe cómo las nuevas tecnologías reemplazan a las antiguas, generando ciclos de renovación que impulsan el crecimiento. Por ejemplo, cuando los teléfonos inteligentes desplazaron a los celulares básicos, se crearon nuevas industrias (apps, redes sociales, comercio móvil), pero también se destruyeron otras (fabricantes de teclados físicos, tiendas de música, cámaras digitales).

Este proceso es dinámico, pero también doloroso. No todas las empresas sobreviven, no todos los trabajadores se adaptan, no todos los países tienen la capacidad de reinventarse. Por eso, Aghion y Howitt han insistido en que la innovación debe ir acompañada de políticas públicas que amortigüen sus efectos negativos: educación continua, protección social, competencia, apoyo a emprendedores, regulación acorde con el sector y entorno.

Joel Mokyr complementa esta visión desde una perspectiva histórica. Para él, la innovación no surge solo de la competencia o la inversión, sino de una cultura que valora el conocimiento. En su análisis de la Revolución Industrial, Mokyr muestra cómo el cambio tecnológico fue posible gracias a una transformación intelectual previa: el surgimiento de una élite científica, la difusión de libros técnicos, el respeto por la experimentación.

Esta mirada es crucial para entender que la innovación no es solo técnica, sino también cultural. Si una sociedad desprecia la ciencia, castiga el pensamiento crítico o limita la libertad de expresión, difícilmente podrá sostener un proceso de innovación. Mokyr nos recuerda que las ideas son tan importantes como las máquinas.

¿Cómo se ve esto en la práctica? Imaginemos dos países con el mismo nivel de ingreso. Uno invierte en educación, promueve la investigación, protege la propiedad intelectual y fomenta la competencia. El otro es como México en la actualidad: mantiene monopolios, descuida sus universidades y no incentiva la creación de nuevas empresas. Según el modelo de crecimiento endógeno, el primero tendrá más probabilidades de crecer de forma sostenida, porque su sistema genera innovación desde adentro.

Este enfoque ha sido aplicado en estudios sobre Europa, América Latina y Asia, mostrando que las diferencias en políticas públicas y cultura empresarial explican buena parte de las brechas de desarrollo. No se trata solo de cuánto se produce, sino de cómo se innova.

Últimos comentarios

Sin duda, la entrega de los Premios Nobel en Ciencias Económicas causa siempre una gran expectación y debate.

En esta ocasión, el aplauso a la elección de Aghion, Mokyr y Howitt causará un consenso unánime de claro merecimiento por parte de estos tres investigadores.

Aghion, ha adoptado una postura más cargada hacia la economía positiva, al buscar explicaciones concretas a problemas reales, mientras que Howitt ha complementado esa visión con un enfoque riguroso y matemático. Juntos, han demostrado que el crecimiento no es un asunto que surge por generación espontánea o magia, sino que se da como resultado de estrategias nacionales y subnacionales para impulsarlo.

La economista Deirdre Mc Closkey (Universidad de Chicago), fuerte candidata año con año al Premio Nobel de Economía, ha añadido otros elementos a los de estos tres investigadores, por lo que se está premiando no solo a tres personas, sino a toda una corriente del pensamiento económico vigente.

Mc Closkey, quien frecuentemente visita México, se separa un poco de la visión de la importancia que tiene el gobierno para detonar el crecimiento (o como dijera ella, el enriquecimiento de las sociedades). Pero sus ideas convergen con los tres laureados en torno a que el conocimiento y la innovación es clave para crecer y aspirar a sociedades más ricas y prósperas. Añade también otros elementos, como la importancia de la competencia y que es necesario un grado importante de libertad económica para que las ideas innovadoras prosperen y maduren en soluciones concretas orientadas a las necesidades de las personas.

Referencias

https://www.bbc.com/mundo/articles/cx2n8e2knxjo
https://www.msn.com/es-mx/dinero/noticias/qui%C3%A9nes-son-joel-mokyr-philippe-aghion-y-peter-howitt-ganadores-del-nobel-de-econom%C3%ADa-2025/ar-AA1OmATJ?ocid=msedgdhp&pc=LCTS&cvid=68ed1f62c60d4d9b990fc6410c0e050d&ei=22
https://www.bloomberglinea.com/2025/10/13/destruccion-creativa-y-desarrollo-economico-el-nobel-de-economia-distingue-a-tres-pioneros

https://cnnespanol.cnn.com/2025/10/13/economia/premio-nobel-economia-mokyr-aghion-howitt-reuxhttps://www.lemonde.fr/international/article/2025/10/13/philippe-aghion-prix-nobel-d-economie-2025-le-facteur-cle-de-la-puissance-economique-c-est-le-leadership-technologique_6645670_3211.html

El “un ligero desvío del río” de Rocío Nahle es el “¡ya me cansé!” de Murillo Karam en este sexenio

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Jose Luis Romero Hicks
Politólogo, economista, y abogado por la Universidad de Guanajuato. Diplomático en las embajadas de México en India y Japón. Consejero de PEMEX, Director General de Bancomext y Secretario de Planeación y Finanzas en Guanajuato. Abogado postulante, consultor financiero y en políticas públicas de vivienda. Miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales.
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