Hay agencias que califican la sostenibilidad de las empresas, pero les falta unidad de criterio

En los últimos años, han crecido las inversiones sostenibles y responsables debido a que, cada vez más, inversores y empresas buscan alinear sus decisiones financieras con principios éticos, sociales y medioambientales. De ahí que el mercado de...

17 de diciembre, 2024 Medir el retorno de inversión del conocimiento

  1. Raquel González del PozoPersonal docente e investigador, Universidad Complutense de Madrid
  2. Amelia Bilbao TerolProfesora de Matemáticas para la Economía y Empresa, Universidad de Oviedo
  3. Mar Arenas-ParraProfesora de Economía Cuantitativa, Universidad de Oviedo
  4. Raquel Quiroga GarciaProfesora de Universidad, área de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de Oviedo

En los últimos años, han crecido las inversiones sostenibles y responsables debido a que, cada vez más, inversores y empresas buscan alinear sus decisiones financieras con principios éticos, sociales y medioambientales.

De ahí que el mercado de los bonos sostenibles haya experimentado, a partir de 2021, un notable crecimiento, que se espera que se mantenga, pues las inversiones sostenibles crecen a nivel global: más de tres cuartas partes (el 77 %) de los inversores están interesados en ellas (aunque también muestran preocupación por el riesgo de greenwashing).

Visto su auge, vale la pena saber qué agencias hay y cómo las evalúan. ¿Cómo se mide la sostenibilidad de una inversión? ¿Quiénes son los encargados de otorgar estas calificaciones? ¿En qué se basan para ello?

¿Qué es invertir de manera sostenible?

Invertir de manera sostenible es elegir activos que no solo generen una rentabilidad financiera, sino que además tienen un impacto positivo en el medioambiente, la sociedad y la gobernanza de las empresas.

Por ejemplo, un fondo sostenible evita invertir en empresas dedicadas a la producción de combustibles fósiles o con un historial cuestionable en materia de derechos humanos para intentar conseguir un efecto medioambiental y social favorable.

Para medir estos impactos se utilizan criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG o, en inglés, ESG, de Environmental, Social and Governance ).

El problema radica en que no existe un criterio único para evaluar la sostenibilidad de las empresas. Las agencias calificadoras utilizan metodologías y enfoques muy diversos para aplicar los criterios ESG en la evaluación.

La cuestión es que esta falta de uniformidad puede llevar a resultados inconsistentes. Es decir, una empresa que ha sido calificada como “excelente en términos de sostenibilidad” por una determinada agencia puede recibir una valoración menos favorable por otra, lo que evidencia una falta de consenso.

¿Qué son las agencias de calificación y qué hacen?

Las agencias de calificación de sostenibilidad funcionan de manera similar a las que califican la capacidad de un país o una entidad para pagar su deuda. Dos de las más conocidas a nivel mundial son Moody’s y Standard & Poor’s.

Las agencias de calificación de sostenibilidad se enfocan en evaluar el desempeño ambiental, social y de gobernanza de las empresas y fondos de inversión, cada una con su propio enfoque y metodología. Algunas de ellas son: MSCI, Sustainalytics, Refinitv y Vigeo Eiris.

Estas agencias califican el grado de sostenibilidad de distintos aspectos de la actividad empresarial como el impacto ambiental, las prácticas laborales, la gestión corporativa y la transparencia. Sin embargo, sus metodologías son a menudo consideradas como una caja negra, ya que no se conocen públicamente los criterios exactos ni las ponderaciones que utilizan. Por ejemplo, una agencia puede centrarse más en el impacto ambiental de una compañía, mientras que otra puede poner mayor énfasis en sus prácticas laborales.

La ausencia de una norma común y la falta de transparencia permiten que cada agencia aplique sus propios criterios y enfoques, lo que puede generar discrepancias en las calificaciones y dificulta la comparación coherente entre distintas opciones de inversión.

Además, dependen en gran medida de la información proporcionada por las propias empresas o compañías a las que valoran, lo que plantea dudas sobre la objetividad de las evaluaciones. En los casos en que no se hace una verificación independiente de los datos se corre el riesgo de social washing. Es decir, de que las empresas incurran en prácticas que les permiten dar una imagen más favorable de sus productos o servicios.

Estas acciones pueden influir en las calificaciones que otorgan las agencias de calificación, llevando a los inversores a creer que están financiando actividades verdaderamente responsables cuando, en realidad, el impacto positivo es limitado o superficial.

¿Qué se puede hacer para mejorar la transparencia?

Es fundamental que las agencias de calificación adopten enfoques más estandarizados y transparentes para garantizar que la calificación de las inversiones como sostenibles y responsables genera un impacto significativo. Estas son algunas propuestas al respecto:

  • Establecer criterios comunes. Esto facilitaría a los inversores la comparación objetiva entre fondos y empresas en los que invertir.
  • Verificar de forma independiente los procesos de calificación. Las auditorías externas refuerzan la credibilidad de las evaluaciones y reducen el riesgo de manipulación de datos.
  • Dar más transparencia al proceso de calificación. Proporcionar toda la información de las metodologías y fuentes utilizadas permitiría una comprensión más clara y sencilla de los sistemas de evaluación de las agencias calificadoras.

A modo de conclusión

La creciente popularidad de las inversiones sostenibles y responsables ha generado una mayor demanda de información acerca de la sostenibilidad de las empresas. Sin embargo, la falta de criterios unificados y la opacidad de las metodologías empleadas por las agencias de calificación pueden complicar la toma de decisiones.

Para que este tipo de inversiones tenga realmente verificados sus objetivos de sostenibilidad y responsabilidad social es fundamental avanzar hacia un mayor nivel de transparencia y estandarización en los procesos de evaluación. Así se verá reforzada la credibilidad de las calificaciones y habrá comparaciones más precisas entre posibles inversiones sostenibles.

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