Foro Económico Mundial, ignorado por la 4t

A propósito del Foro Económico Mundial recientemente celebrado en Davos, el gobierno mexicano parece encontrarse alejado de las grandes discusiones económicas y políticas mundiales. 

30 de mayo, 2022

Una de las conclusiones más importantes del Foro de Davos en donde se reúnen líderes mundiales alude a México en una circunscripción no textual pero reúne conceptos como las presiones internas a corto plazo dificultarán que los gobiernos se concentren en prioridades a largo plazo. Menciona una “erosión de la cohesión social” como una de las principales amenazas a corto plazo en 31 países, entre ellos México acompañado de miembros del G 20 como Argentina, Francia, Alemania y Sudáfrica. Se espera que las disparidades que ya eran un gran desafío se amplíen y añade un informe de riesgos globales un estimado de 51 millones que serán agregados a la pobreza extrema conforme al nivel previo a la pandemia. Este capítulo cierra con una frase lapidaria: polarización y resentimiento de las sociedades.

Este mismo informe adelanta fracturas en el orden global debido a presiones internas en posturas de interés nacional que radicalicen la cooperación internacional. Abunda también en una transición climática desordenada; refrenda pactos internacionales para llegar a emisiones cero. Los países que continúan por el camino de la dependencia de los sectores intensivos en carbono corren el riesgo de perder la ventaja competitiva a través de un mayor costo del carbono, menor resiliencia e incapacidad para mantenerse al día con la innovación tecnológica y un apalancamiento limitado en los acuerdos comerciales. Sin embargo, el reporte apunta que alejarse de las industrias intensivas en carbono, que actualmente emplean a millones de trabajadores, desencadenará volatilidad económica, profundizará el desempleo y aumentará las tensiones sociales y geopolíticas.

En aspectos relevantes de las economías se discutieron temas torales respecto al tamaño de las economías, la expectativa para el 2024 que se pensaba en un crecimiento global del 5% sin pandemia, ahora se analiza en una caída promedio del 5.5% para países en desarrollo, sin China en estos números. Contraria a esta percepción, el avance de los desarrollados no superaría el 1% en promedio. Esto naturalmente preocupa en cuanto a la brecha del ingreso entre países con mayor grado de desarrollo y países anfitriones de tecnología pero con dificultades de empleo. Esto aumentaría la búsqueda de oportunidades y desencadenaría otra segunda ola migratoria. 

La lectura de cualquier pronunciamiento del Foro de días pasados revela preocupación en prácticamente todas las áreas; desde implementación de vacunas y salud pública hasta los presentes niveles de inflación y manejo de tesorerías y deuda pública. No podemos desviar la atención de las incontables citas y alusiones a la unión y la cooperación. No es la primera vez que el mundo sufre padecimientos comunes, pero tal vez sea la primera circunstancia inmersa en una globalidad imperante. Esto último definitivamente cambia el orden de las ideas de la cooperación, dado que en los mismos días subsiste un conflicto armado de singular importancia. La invasión rusa a Ucrania altera todas las formas conocidas en materia de producción. 

El tema bélico concentró gran atención sin descuidar sus orígenes pero la discusión derivó en la repercusión de los posibles acuerdos de paz. No es menor el tema del gas como tampoco lo es el comercio de puertos a tres mares que hace un par de meses transitaban en paz. No es menor el tema de pagos internacionales en Rublos por imposición y la consecuencia del cambio en una Unión Europea de la que se espera una respuesta sin confrontación e intransigencia. Son dos efectos a la vez, ambos de retroceso: pandemia y una esquina en Oriente, parte del continente negociador por décadas. Alemania en la encrucijada con un gasoducto y deuda recientemente negociada a tasa cero para su recomposición industrial, un Banco Central absorbiendo papel flotado una y otra vez con descuentos que reducen servicio de la deuda pero se antojan interminables en esa cadena que inunda instituciones internacionales y tesorerías alrededor del globo. 

Todo mal, sin embargo, es menor en grupo y en solidaridad. El mundo industrializado cada vez tiene mayores similitudes; las cadenas productivas emparejan sus proporciones de márgenes y rendimientos en las ventajas de unos y otros, en las fortalezas y las carencias. Finalmente es la competencia la que dirime diferencias y califica excelencias y calidades. Naturalmente que para que todo esto ocurra es preciso hacer presencia, hacer valer potencialidades y acercar lazos de participación. México no lo hace desde hace poco más de tres años. Las razones las conocemos pero no las validamos. 

Los efectos de un aislamiento de la que fuera la economía número catorce del mundo, nuestro país, ya se notan en el listado de las economías anfitrionas con mejores perspectivas para la inversión. México ya no figura en ese cuadro de 25 economías representativas. Tenemos un solo mensaje, diluido si se quiere semejar en un púlpito que produce un sinnúmero de pronunciamientos todos los días, que pretende cubrir un espectro de nación con proyecto, pero no hay tal, no existe proyecto y por tanto el mensaje es único: la división y de ella la confrontación. De ese mensaje único no puede llegar una invitación seria al capital. De ese mensaje único no puede haber avenencia y concordia. 

La escena internacional no existe para esta transición de gobierno en turno. Existen lazos con naciones perdedoras, pero no reportan beneficio alguno para nuestra nación. Los foros internacionales son expresión viva de lo que el mundo experimenta hoy y lo que experimentará mañana. El presidente mexicano prefiere las miras del pasado en los monopolios improductivos y en las autosuficiencias. Los agentes productivos logran sus escaños con acuerdos temporales y forzados ante la embestida de un régimen cimentado en la intemperancia y la obsesión del reto a la ganancia que estima proscrita. La riqueza de la nación ha pagado cara esta postura. La merma del producto lacera la gestión pública desde su cobertura y atención. 

En la escena internacional, México enfrenta un esquema inconveniente y no necesariamente radica en el desdén por las formas y el menosprecio a las reuniones de alta representatividad; el gobierno de la llamada cuarta transformación viola acuerdos signados con nuestros socios del norte. Si la trascendencia de estos actos, premeditados o no, llegan a Cortes Internacionales, esta transición tiene un escaso margen de dos años y meses para responder porque el daño generacional está hecho y el juicio de esto último es ciudadano. De este daño no esperamos respuesta, de ello se encargará la historia.  

 

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Manuel Torres Rivera
Manuel Torres Rivera es egresado de la UNAM, de la Escuela de Contaduría Pública. También estudió Economía y recibió un grado de Master of Business Administration de la Universidad de Tulane. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a la docencia y la consultoría. Es socio de Formación y Desarrollo Clave. Tiene pasión por el alpinismo y ha recorrido buena parte del mundo en esta actividad. También por los caballos. Ha colaborado en el programa de Eduardo Ruiz–Healy.
PEMEX nació en 1938 en un ambiente de negocios tan incierto como el de hoy en día; cuando terminaron Los Locos Años 20 con su carga de cambios institucionales y organizativos tales como los de las reformas roosvelianas desafiantes de las normas establecidas embalada en la creatividad propia del tremendo y mortífero holocausto que se aproximaba. Dio sus primeros pasos contextualizado por la conflagración internacional, pero particularmente comprometido con el corporativismo de Lázaro Cárdenas. Cuando comenzó a pisar esta tierra, también internalizó el modelo mental compartido del Nacionalismo Revolucionario derivado de la cultura mestiza; por lo que fomentó la xenofobia como daño colateral acompañante de la promesa del progreso independiente. Vivió una infancia cobijada por la desgracia ajena de los países beligerantes, porque en 1939 las ventas al exterior de PEMEX representaron casi la mitad (49%) de los ingresos por la exportación correspondiente. Este infante, se ilusionó con la soberanía nacional duradera e imperturbable que produjo el espejismo del Nacionalismo Revolucionario por obra del chovinismo creyente en una identidad nacional patriotera. Se desarrolló durante 1946/1970 sobredimensionando los costos de producción especialmente en las regiones de Tamaulipas y Veracruz. Su estilo de desarrollo fue el Desarrollo Estabilizador mediante el agrandamiento de la demanda interna a causa de un PIB mismo período en promedio anual de 6.2%. Entonces se institucionalizó la economía rentista gracias a una renta petrolera usufructuada en primer lugar por la oligarquía del mismo género; y luego por los empresarios segundones; y después por los consumidores. La gasolina más barata del mundo debilitó su musculatura mediante el subsidio gubernamental que repercutió negativamente en las finanzas públicas porque si los impuestos petroleros representaron en 1940 el 15% de los ingresos fiscales, en 1970 personificaron solamente el 3%. Haciendo caso de los preceptos liberales, se inició el empobrecimiento del Estado, al mismo tiempo que el enriquecimiento del mercado rentista. El Desarrollo Estabilizador institucionalizó y organizó una sociedad de cazadores de rentas que, esta sí, fue perdurable en la realidad donde el Gran Zombi viviente paseó tranquila y distendidamente. Empobrecimiento del Estado que cavó la sepultura con las palas de la deuda pública y el déficit fiscal para que el zombi pudiera hacer la siesta como complemento integrativo de su paseo. Durante la Docena Trágica de Echeverría y López Portillo, cayó del cielo el mejoramiento de los términos del intercambio, el cual dibujó una sonrisa en el habitualmente circunspecto y algo arrugado Gran Zombi. Pero en 1982 se le borró completamente la sonrisa, porque el precio promedio de petróleo bruto exportado cayó abruptamente a 28.69 dólares. De todas maneras, la economía mexicana se petrolizó iniciando un juego suma cero donde lo que ganaban los cazadores de rentas (algunos de estos multimillonarios), lo perdía el Gran Zombi que le hizo pagar los platos rotos al gobierno dentro de un proceso llamado socialización de pérdidas y privatización de los beneficios. Sin que ello significara matar al Gran Zombi, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas le aplicaron el tratamiento del Ajuste Estructural para confort de su burocracia sindical. Ocurrido en 2001, el Pemexgate consistió en un desvío millonario de fondos del sindicato petrolero, cuyo dinero fue a parar a la campaña presidencial de Francisco Labastida, candidato del PRI en las elecciones del 2000. El Ajuste Estructural terminó por premiar a los líderes de la burocracia sindical, los cuales financiaron la campaña electoral del PRI - todavía partido de Estado - cuyo eje económico esencial fue el Gran Zombi. Al cabo de su senectud, el Gran Zombi registró veintidós años de pérdidas financieras. Los apoyos financieros al mismo durante el actual sexenio sumarán 1.49 billones de pesos. A pesar de esta cuantiosa ayuda gubernamental, el Gran Zombi sigue siendo el más endeudado del mundo con 105.836 millones de dólares. Aplicando una vez más, la política de subsidios globales, pero no puntuales, el gobierno está subsidiando el 35% del costo de la gasolina para beneficiar: (1) a la oligarquía rentista; (2) a los empresarios rentistas segundones; (3) a los consumidores; es decir: para apalancar al auto refuerzo del rentismo nacional. En tanto que fiel sucesora de AMLO, Claudia Sheinbaum no le tocará ni un pelo al Gran Zombi. Si se desentiende de esta fidelidad; será otro cantar.

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