El reparto económico no existe

Como cada semana, Manuel Torres Rivera nos comparte su análisis del impacto de las políticas populistas en la economía mexicana.

6 de marzo, 2023 El reparto económico no existe

Hemos tratado de exponer limitaciones en la interpretación económica de la fórmula social, en espacios anteriores. Sobresale siempre la nula concepción del ciclo económico. El camino de la fase productiva y transformadora puede ser tan ágil como la participación gubernamental la procure, o tan tortuosa como el mismo gobierno la impida. No es ningún secreto que actualmente tenemos un gobierno retardatario y abstruso en la esencia económica. Se apuntó en textos precedentes el efecto de acumulación en el que la fórmula social centra su esfera de acción. Para el socialismo, el proceso interpretativo de la economía no es evolutivo, es acumulativo y el punto de partida de toda política económica socializadora  parte de esa falsa postura. 

De esta transición en turno de gobierno tampoco ignoramos la estrategia de penetración de hogares, que no resuelve ninguna fase de construcción de preceptos económicos, pero sienta las bases de captura emocional y un tanto económica. Destaquemos la primera como una constante que alienta una esperanza como síntoma de compañía en ese letargo generacional llamado pobreza; tal vez el discurso itinerante juegue su parte, tal vez agote su prerrogativa en el tiempo. Una gran parte del esquema social es apuesta. Así ha trascendido en toda función absolutista. La apuesta es peligrosa desde luego, pero la centralización del poder acerca el totalitarismo a una fórmula sin retorno. Cuba es el primer ejemplo. De la captura económica, podemos mencionar que no es la parte más relevante en tanto la fórmula invierta en base consolidada que no necesariamente reúna mayoría. Este es el caso de México. 

Actualmente, contrario al discurso del presidente, el número de pobres que atiende este gobierno es menos de la mitad, considerando el total de pobres en cincuenta y seis millones. Así opera el populismo, con bases un tanto firmes y leales, bajo la premisa de captura cierta del voto. El resto no importa, crece desde luego como ahora sabemos; se han insertado en pobreza más de cuatro millones de mexicanos en cuatro años de gobierno. El destino de esta política discriminatoria no puede reunir un balance positivo. En realidad, en otras latitudes el resultado es caótico, como Venezuela. Aquí es preciso destacar diferencias con nuestro país: el tropiezo de inicio con la inversión provocó alertas nacionales e internacionales. Nunca se subsanó pero tampoco se interrumpió el trabajo, no puede decirse en paralelo, pero sí alentador con un Tratado Comercial que ha salvado innumerables obstáculos. El presidente se rehúsa a participar en foros internacionales pero la Casa Blanca ha hecho las veces, dentro de un activismo regional totalmente amparado por las reglas de origen.

 

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Entonces vienen, como han venido recientemente las avenencias con el capital. Ciertamente, el presidente se encuentra esquinado en un rincón que no le gusta: condescendiendo. Simplemente no es lo suyo, pero las circunstancias le van ganando terreno al lado de la imposición de los últimos cuatro años. El presidente no escucha pero pulsa áreas de conflicto y el conflicto lo tiene enfrente y ya lo palpa. Si las lecciones las ha recibido de fuera, tanto da, porque las internas también llevan lo suyo y ahora empieza a entender que las inercias económicas no las tiene un gobierno y que las fuerzas representativas se encuentran en la creación del capital y justamente ese capital lo tienen los sectores productivos privados. Algo ya debe entender del producto de la nación y alguien seguramente ya lo enteró de que la participación privada en el producto venezolano, antes del chavismo depredador, sumaba apenas un 29 %, en tanto en México, actualmente ronda el 73 %. 

Aún así, las cosas no toman un camino de corrección, la pausa alentadora de Tesla es eso, pausa en la concepción de proyecto que tiene un populista. La retórica popular confunde el panorama de inversión por carecer de sustancia y no es casual la forma y desplante que coloca al cuello de un dictador una presea nacional de consideración histórica, como tampoco es casual el llamado a la región perdedora de nuestro continente para hacer frente a una batalla a ese fenómeno que lacera y del que nada entiende el presidente, llamado inflación. Sabemos que es plan sin destino, sabemos que es llamada de atención del presidente mexicano a los socios ganadores del norte para que conozcan la verdadera intención de proyecto que cede en lo que considera atemporal pero no cede en la consecución definitoria de nación. 

Eso tenemos por ahora y lo tendremos un año y unos meses más. Tenemos un presidente todavía obstinado en seguir perdiendo porque ha perdido en todo. Cuatro años de pérdidas han conformado su gestión y en ellos lleva el efecto multiplicador que sanciona la gran economía, la que pierde parámetros con el mundo y con la historia reciente de nuestra propia nación. El presidente insiste en el efecto de acumulación y en ese centra su obstinada preservación de lo que estima doctrina pregonada en una imaginaria peligrosa y altamente agresiva: el reparto. Pero su concepto de equidad no consiste en que todos tengan, consiste en que nadie aspire a tener. Bajo esa concepción, el reparto del presidente debe ser concebido en su real esencia: la confiscación. 

La expresión anterior no sucedió y jamás sucederá pero la cortedad o amplitud del pensamiento en esa dirección no se apaga, se extingue en temporalidad por circunstancias naturales pero no se apaga. La justificación del llamado popular tiene un siglo y no logra un exterminio total porque la llama enciende el mismo propósito: la marginación. Podrán existir políticas de aliento al empleo, a la participación activa y a múltiples acciones de alivio en materia de salud, vivienda y educación, pero la marginación nunca se irá del espectro productivo.. No se trata de justificar la pronunciación válida de voces que clamen la participación pero la igualdad sigue siendo una quimera. Seguirá siendo en tanto la humanidad siga siendo humanidad. 

No es confrontación de ideologías, es simple expresión de realidades. La pobreza tiene combate y el único frente de acción conocido es la inversión. La igualdad es mera concepción filosófica que puede resguardar verdaderos alientos de superación o abrir verdaderos frentes de confrontación y esto último es partitura y esencia del socialismo. La economía se crea, se alienta, se incentiva y se promueve, pero no se reparte.

 

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Manuel Torres Rivera
Manuel Torres Rivera es egresado de la UNAM, de la Escuela de Contaduría Pública. También estudió Economía y recibió un grado de Master of Business Administration de la Universidad de Tulane. Ha dedicado gran parte de su vida profesional a la docencia y la consultoría. Es socio de Formación y Desarrollo Clave. Tiene pasión por el alpinismo y ha recorrido buena parte del mundo en esta actividad. También por los caballos. Ha colaborado en el programa de Eduardo Ruiz–Healy.
PEMEX nació en 1938 en un ambiente de negocios tan incierto como el de hoy en día; cuando terminaron Los Locos Años 20 con su carga de cambios institucionales y organizativos tales como los de las reformas roosvelianas desafiantes de las normas establecidas embalada en la creatividad propia del tremendo y mortífero holocausto que se aproximaba. Dio sus primeros pasos contextualizado por la conflagración internacional, pero particularmente comprometido con el corporativismo de Lázaro Cárdenas. Cuando comenzó a pisar esta tierra, también internalizó el modelo mental compartido del Nacionalismo Revolucionario derivado de la cultura mestiza; por lo que fomentó la xenofobia como daño colateral acompañante de la promesa del progreso independiente. Vivió una infancia cobijada por la desgracia ajena de los países beligerantes, porque en 1939 las ventas al exterior de PEMEX representaron casi la mitad (49%) de los ingresos por la exportación correspondiente. Este infante, se ilusionó con la soberanía nacional duradera e imperturbable que produjo el espejismo del Nacionalismo Revolucionario por obra del chovinismo creyente en una identidad nacional patriotera. Se desarrolló durante 1946/1970 sobredimensionando los costos de producción especialmente en las regiones de Tamaulipas y Veracruz. Su estilo de desarrollo fue el Desarrollo Estabilizador mediante el agrandamiento de la demanda interna a causa de un PIB mismo período en promedio anual de 6.2%. Entonces se institucionalizó la economía rentista gracias a una renta petrolera usufructuada en primer lugar por la oligarquía del mismo género; y luego por los empresarios segundones; y después por los consumidores. La gasolina más barata del mundo debilitó su musculatura mediante el subsidio gubernamental que repercutió negativamente en las finanzas públicas porque si los impuestos petroleros representaron en 1940 el 15% de los ingresos fiscales, en 1970 personificaron solamente el 3%. Haciendo caso de los preceptos liberales, se inició el empobrecimiento del Estado, al mismo tiempo que el enriquecimiento del mercado rentista. El Desarrollo Estabilizador institucionalizó y organizó una sociedad de cazadores de rentas que, esta sí, fue perdurable en la realidad donde el Gran Zombi viviente paseó tranquila y distendidamente. Empobrecimiento del Estado que cavó la sepultura con las palas de la deuda pública y el déficit fiscal para que el zombi pudiera hacer la siesta como complemento integrativo de su paseo. Durante la Docena Trágica de Echeverría y López Portillo, cayó del cielo el mejoramiento de los términos del intercambio, el cual dibujó una sonrisa en el habitualmente circunspecto y algo arrugado Gran Zombi. Pero en 1982 se le borró completamente la sonrisa, porque el precio promedio de petróleo bruto exportado cayó abruptamente a 28.69 dólares. De todas maneras, la economía mexicana se petrolizó iniciando un juego suma cero donde lo que ganaban los cazadores de rentas (algunos de estos multimillonarios), lo perdía el Gran Zombi que le hizo pagar los platos rotos al gobierno dentro de un proceso llamado socialización de pérdidas y privatización de los beneficios. Sin que ello significara matar al Gran Zombi, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas le aplicaron el tratamiento del Ajuste Estructural para confort de su burocracia sindical. Ocurrido en 2001, el Pemexgate consistió en un desvío millonario de fondos del sindicato petrolero, cuyo dinero fue a parar a la campaña presidencial de Francisco Labastida, candidato del PRI en las elecciones del 2000. El Ajuste Estructural terminó por premiar a los líderes de la burocracia sindical, los cuales financiaron la campaña electoral del PRI - todavía partido de Estado - cuyo eje económico esencial fue el Gran Zombi. Al cabo de su senectud, el Gran Zombi registró veintidós años de pérdidas financieras. Los apoyos financieros al mismo durante el actual sexenio sumarán 1.49 billones de pesos. A pesar de esta cuantiosa ayuda gubernamental, el Gran Zombi sigue siendo el más endeudado del mundo con 105.836 millones de dólares. Aplicando una vez más, la política de subsidios globales, pero no puntuales, el gobierno está subsidiando el 35% del costo de la gasolina para beneficiar: (1) a la oligarquía rentista; (2) a los empresarios rentistas segundones; (3) a los consumidores; es decir: para apalancar al auto refuerzo del rentismo nacional. En tanto que fiel sucesora de AMLO, Claudia Sheinbaum no le tocará ni un pelo al Gran Zombi. Si se desentiende de esta fidelidad; será otro cantar.

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