El Hipódromo… ¿Es una Caja de Cristal?

Para que la industria hípica prolifere, se necesita transparencia para que los clientes tengan la certidumbre necesaria e inviertan con confianza.

24 de junio, 2022 Más Desafíos del Gobierno. ¡La Liquidación de Codere! ¿Y el Hipódromo?

Todo lo que sucede en un Hipódromo debiera verse como en una caja de cristal. Ello quiere decir que todo lo que allí sucede debe ser transparente para que nadie abuse; ni la empresa permisionaria, ni la autoridad hípica, ni los jinetes, ni los entrenadores y mucho menos los propietarios. Y de ninguna manera habrá que dejar que se aprovechen los miembros de las asociaciones que agrupan y representan a los criadores y dueños de caballos, como ahora sucede.

Ya lo he dicho, los hipódromos son casas de juego y las personas que intervienen quieren ganar dinero; si no hay controles y la supervisión adecuada, los tramposos van a tomar ventaja, tanto en las apuestas como en las carreras. Es un hecho que la caja de cristal que debiera ser el Hipódromo de las Américas está empañada; borrosa, opaca: solo genera confusión. 

Desde la desaparición de la Asociación Mexicana de Caballistas, que era la que representaba a los caballistas, pues a la empresa no le convenía que estuvieran unidos, de alguna manera la Asociación de Criadores de Caballos Pura Sangre usurpó su lugar; sus dirigentes por ignorancia o estupidez tomaron esa representación y dispusieron, a su antojo, lo que ellos suponían era lo adecuado para el gremio. Por ejemplo, vendieron el rancho de 100 hectáreas que la empresa de Justo F. Fernández consiguió, con autorización de la Secretaría de Gobernación que, con un porcentaje de las apuestas se obtuvieron fondos suficientes para adquirirlo. Así se construyó, además, una posta de garañones, dedicada a impulsar la cría caballar para beneficio de los criadores pequeños y de toda la Industria. 

Estos personajes no admitieron en su seno a ningún otro criador y se dedicaron a “hacerle el caldo gordo a la empresa” para que, con ese dinero, se dieran premios. Después de muchos años el resultado es que ese patrimonio de la Asociación se despilfarró, y no hubo beneficio alguno.

Algo similar está sucediendo con la representación actual de los caballistas. La historia es como sigue. En defensa de sus intereses un nutrido grupo de caballistas formó, en 2011, una asociación ―la “Unión Mexicana”― quien puso el grito en el cielo ante los abusos de la permisionaria―, que no cumplía, como lo hace ahora, con las condiciones de su permiso. 

Ante la demanda que se interpuso ante la Dirección de Juegos y Sorteos de aquel entonces, estoy hablando del final del sexenio del presidente Felipe Calderón, la autoridad reguladora se interesó y puso orden. Se logró un aumento en los premios y que la pista de carreras ofreciera seguridad, tanto para los jinetes como para los caballos pues estaba muy descuidada y sin mantenimiento. También se consiguió que se construyera la clínica veterinaria y la alberca. La empresa se comprometió a darle un espacio para las oficinas de la representación de los caballistas, así como impulsar la escuela de jinetes, cuestiones que nunca sucedieron. 

Más tarde, siguiendo el principio universal del emperador Julio César de “divide y vencerás”, la empresa convenció a un grupo de caballistas, miembros de la mentada “Unión” para que fueran solo ellos reconocidos y formaron una nueva “Agrupación”. Cabe señalar que la disidencia de la “Unión” fue de solo cinco miembros, personas importantes del medio, que se confiaron en las falsas promesas del 100% de aumento a los premios en 2 años, sí firmaban un acuerdo y cayeron engañados ante los espejitos de la ambición. 

Debo informar que todos los miembros actuales de la “Unión” solo buscan el mejoramiento de la actividad y que haya piso parejo. Desgraciadamente muchos han pasado a mejor vida. El inexorable paso del tiempo juega su papel. Grandes Cuadras desaparecieron, como está sucediendo en el momento actual. La Cuadra Cocoyoc, Piguidi y la Plamat, por mencionar algunas, se han reducido y tienden a desaparecer. 

Ahora, la nueva “Agrupación” acuerda con la empresa en lo obscurito y en mi opinión lo hacen muy mal pues llegaron al extremo, por ejemplo, que los caballistas aportaran mensualmente una cantidad para aumentar los premios, cuando… ¡Es obligación de la empresa! Y si alguien les solicita copia de los acuerdos que han llegado con la empresa, responden que no los pueden proporcionar pues mantienen acuerdos confidenciales con la misma. Quieren transparencia y no son para poner el ejemplo. ¡Así se las gastan…! Al parecer no se han dado cuenta de que los representantes de caballistas y la empresa son “pares”. Uno no puede existir sin el otro. Y mientras los caballistas activos no pidan cuentas a sus “representantes” todo seguirá igual… Ellos favorecidos y ganando las carreras importantes.

Lo que es alarmante, y al parecer se está volviendo una práctica común entre algunos dueños ―queriéndose pasar de listos― es que aprovechando de “sus influencias” contratan a entrenadores que tiene licencia pero que están desempleados y así, se prestan a inscribir caballos que no están bajo su cuidado. Se denominan “entrenadores de paja” 

Como comenté en mi artículo de la semana pasada, conocí un caso en que el trainer balín aceptó inscribir caballos que no estaban a su cuidado, bajo la promesa de que el dueño (a) de la Cuadra gozaba de influencias y no tendría problemas. Ya los tuvo. En mi próximo artículo detallaré con pruebas el asunto.

Irán los jefes de la “Agrupación” a cerrar los ojos, como siempre, ante tan delicado asunto.  O no es de su incumbencia.

¿Irán los señores árbitros a levantar una investigación en este caso? En otros casos no lo han hecho. 

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Enrique Rodríguez-Cano Ruiz
Nació en el seno de una distinguida familia veracruzana. Estudió en la Facultad de Ingeniería UNAM y se graduó de ingeniero civil profesión que ejerció por varios años construyendo caminos, residencias y edificios. Ha participado en todas las facetas de la industria hípica, promotor frustrado de la construcción de hipódromos que no se lograron por la discrecionalidad de la Ley. Se define como un "luchador de causas aparentemente perdidas”.

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