El ajuste estructural de 2023

La balanza comercial de enero de 2023 marcó un déficit histórico de -68,289 millones de dólares. No cabe duda que EEUU necesita un ajuste estructural. 

28 de junio, 2023 industria-portuaria

Al promediar los 1980, América Latina intentó aplicar reformas de desreglamentación, apertura y privatización que no pudieron pasar de la primera generación a la segunda y aún adolecieron de varios defectos durante la primera. Si el modelo anterior había terminado en la crisis de deuda externa y la resubstitución de importaciones, el de los 1980 no pudo pasar de su primera etapa empantanada en una serie de defectos de implementación; por lo que el debate modelo anterior versus modelo 1980 estuvo mal planteado porque América Latina evidenció una marcada ineficiencia adaptativa en la aplicación de ambos; es decir que la discusión correcta hubiera sido no la opción entre uno y otro modelo, sino por qué se carecía de la capacidad necesaria para implementar cualquier modelo, pretérito o novedoso. 

Si no hay desarrollo del capital humano, el bajo costo relativo de la mano de obra es una ventaja comparativa estática que difiere de la ventaja competitiva dinámica representada por una economía emergente donde se inicia fehacientemente el proceso de sustentabilidad en los factores de la producción. Por más que se tenga la fuerza laboral más barata del mundo, esto no basta para plantear seriamente el desarrollo de la ventaja competitiva nacional. Al mismo tiempo, el tipo de cambio sobrevaluado no es un incentivo más que circunstancial (habitualmente no más de dos años) para expandir las exportaciones, sin que ello represente desarrollar la productividad de los factores básicamente originada en la innovación que realiza, de existir, una masa crítica de empresarios schumpeterianos. Aplicando el beneficio de la duda para Brasil y Chile, los capitalismos rentistas de América Latina 1980 ni siquiera trataron de corregir los errores de implementación cometidos durante la primera oleada de reformas ni, mucho menos, de avanzar en las etapas siguientes para dotar de eficiencia a la macroeconómica y de eficacia a la micro.

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Desde siempre, el ajuste estructural es un programa de reformas de mercado habitualmente aconsejado por el F.M.I. y el Banco Mundial, que parte de la estabilización de precios internos en función de los balances externos,  para continuar con el ajuste de los precios relativos internos con respecto a la economía mundial y, finalmente, culmina con el funcionamiento eficiente y eficaz de los mercados. Coincide con los Consensos de Washington, los cuales fueron recetarios del ajuste estructural con respecto a los cuales cada usuario debía elegir la combinación que más se ajustara  a sus circunstancias nacionales. Por ejemplo, nadie recomendaría una reforma agraria para EE.UU o Canadá, pero si para Argentina o Brasil

Hubo dos Consensos de Washington: Consensos I o El Decálogo de Washington en 1989. 1.- Disciplina presupuestal del gobierno; es decir, control de los déficits vinculados a la híper inflación. 2.- Reordenamiento de las prioridades en el gasto público; por ejemplo recortando subsidios, pero con salvaguarda de los esenciales como los de salud, educación e infraestructura. 3.- Reforma impositiva centrada en ampliar la base fiscal disminuyendo el crecimiento de las tasas marginales. 4.- Liberación de las tasas de interés, pero acompañadas del reciclaje de la regulación prudencial. 5.- Tipo de cambio competitivo como resultado de una combinación o elección adecuada entre los dos regímenes habituales: tipo de cambio fijo perdurable o flotación limpia. 6.- Liberación del comercio exterior con los plazos que sean adecuados, pero siempre tendiendo tanto al arancel 0, como a la eliminación de las barreras en el largo plazo. 7.- Facilitar el ingreso de la inversión extranjera directa, sin que ello comprenda a los capitales especulativos. 8.- Privatizaciones para el desarrollo competitivo mediante la  reglamentación pertinente. 9.- Desreglamentación para favorecer la competencia con libres – o fáciles – entrada y salida del mercado, pero no para eliminar reglamentos necesarios como los relacionados con el medio ambiente. 10.- Formalización de los derechos de propiedad privada, con especial referencia a los de la economía informal.  

Consenso II o los Cuatro Preceptos de Washington en 2003. 1.- Profundizar y perfeccionar las reformas procedentes del Consenso I.2.- Consolidar las políticas macroeconómicas contra cíclicas. 3.- Acentuar el establecimiento de instituciones eficientes. 4.- Instrumentar políticas de equidad distributiva a través de la educación, el acceso a la formalidad de la propiedad privada informal, el micro crédito y, en algunos casos, la reforma agraria.  Con el Consenso II, el recetario de Washington devino de aplicación universal.

En el folclore urbano de los 1980 latinoamericanos, varios opinadores muy pintorescos  vociferaron contra los Consensos de Washington sin otro motivo que el infantilismo anti norteamericano, aunque no supieran  en qué consistían estos Consensos, ni hicieran  una crítica seria y fundamentada de tales convenciones.

Ahora en esta ambigua época de retorno al keynesianismo en el Mundo Occidental, algunos opinadores y doctos economistas proponen retomar una especie de ajuste estructural a partir de la experiencia Biden caracterizada por un déficit del sector público de carácter crónico y nivel aproximado a 4.5% del PIB. La deuda pública, por su parte, cerrará 2023 con 101.8% del PIB y durará 10 años por arriba del 100%. La balanza comercial de enero de 2023 marcó un déficit histórico de -68,289 millones de dólares. No cabe duda que los EE.UU necesitan un ajuste estructural. 

En el corto plazo, la FED no puede despertar del sueño keynesiano  un poco de inflación, y nos promete – entre sábanas y pijamas – que su política monetaria de aumento hasta un 5% de la tasa de interés en 14 meses logrará a fines de 2023 e inicios de 2024 una inflación corriente de 2% anual. ¡Promesas, promesas!, porque muchos años de quantitative easing (política monetaria facilitadora a causa de la baja tasa de interés), no pudieron lograr la soñada tasa de inflación del 2%. 

Lo que no dice la FED, es que por debajo de la mesa pretende revivir a la Gran Moderación de Bernanke para domesticar al mercado de trabajo instrumentando psicológicamente la baja tasa de desempleo del 3.7% anual en mayo de 2023, con el nítido objetivo de frenar a la espiral precios/salarios pisando fuerte.

De todas maneras, sí es posible que Biden logre un aterrizaje suave en el corto plazo y para una economía sobrecalentada a causa de las grandes obras de infraestructura física. La industria se contrae un poco, los servicios con comercio y construcción adentro permanecen en un expansión sosegada; mientras que hotelería, restaurantes, B to B (B to B. Business to Business, es una forma de transacción entre empresas, como la que involucra a un fabricante y un mayorista, o un mayorista y un minorista), finanzas privadas, construcción y comercio esperan otra más dinámica. Las expectativas de los consumidores son más bien buenas y, por ahora, no existe ningún Credit Crunch (Credit Crunch o contracción de crédito: el reembolso de los créditos supera el otorgamiento de nuevos préstamos).

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Lo que tampoco dice la FED, es que la economía rentista domina la coyuntura estadounidense porque rentabiliza a la sobrevaluación de activos, la cual propicia una recesión estanflacionaria como entablado esencial del ajuste estructural norteamericano de un futuro que ya está aquí. 

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Fernando Jeannot
Fernando Jeannot es profesor investigador del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco e Investigador Nacional. Cuenta con varias publicaciones tales como: “Estancamiento y recuperación once años después” (2020), “La mundialización del capitalismo improductivo” (2014), “Las instituciones del capitalismo occidental. Eficiencia e ineficiencia adaptativa” (2010), entre otras.

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